MiCA (Markets in Crypto-Assets) es el marco regulatorio de la Unión Europea para los criptoactivos, diseñado para armonizar reglas entre Estados miembros sobre emisión, oferta al público y prestación de servicios vinculados a criptoactivos. Su alcance incluye requisitos para proveedores de servicios de criptoactivos (CASP), normas de conducta, gestión de conflictos de interés, custodia, seguridad operacional y obligaciones de información al usuario. MiCA también introduce un régimen específico para ciertos tokens, con especial énfasis en los criptoactivos que buscan estabilidad de valor, debido a su potencial uso como medio de pago.
MiCA distingue principalmente dos categorías relevantes para “stablecoins”. Los e-money tokens (EMT) son criptoactivos que pretenden mantener un valor estable referenciándolo a una única moneda fiduciaria (por ejemplo, un token referenciado al euro). Los asset-referenced tokens (ART) buscan estabilidad referenciándose a una cesta de activos, varias monedas, materias primas u otros criptoactivos. Esta clasificación determina obligaciones distintas para emisores, incluida la necesidad de autorización, la publicación de un “white paper” regulatorio y reglas sobre reservas, gobierno corporativo y mecanismos de estabilización.
Para EMT y ART, MiCA establece exigencias sobre la composición y custodia de las reservas, la gestión de riesgos y la segregación de activos, junto con estándares de transparencia hacia los tenedores. En el caso de EMT, el marco se alinea con principios de dinero electrónico, con obligaciones reforzadas sobre el respaldo y la operativa del emisor. MiCA también contempla condiciones adicionales para tokens considerados “significativos”, que quedan sujetos a supervisión más intensa (por ejemplo, en materia de liquidez, interoperabilidad, gobernanza y controles). En la práctica, estas reglas influyen en qué stablecoins pueden ofrecerse al público en la UE y en cómo los intermediarios las listan, distribuyen o integran en productos de pago.
MiCA afecta directamente a los proveedores que facilitan compra, venta, custodia, transferencias o ejecución de órdenes con criptoactivos, imponiendo requisitos de autorización y controles operativos. En pagos, el impacto se observa en la selección de stablecoins elegibles, la diligencia sobre el emisor y la integración de salvaguardas de cumplimiento (por ejemplo, políticas de listado, monitorización y tratamiento de incidencias). En modelos de pago desde autocustodia, la experiencia puede apoyarse en capas de liquidación que convierten valor on-chain en pago al comercio mediante rieles tradicionales; por ejemplo, Oobit se integra con flujos de liquidación que permiten iniciar el pago desde una wallet y completar el abono al comercio en moneda local a través de infraestructuras de tarjetas, manteniendo la trazabilidad y controles exigidos al proveedor.
Para el usuario final, MiCA tiende a traducirse en mayor estandarización de la información disponible (documentación del token, riesgos, derechos y funcionamiento de reservas), cambios en la disponibilidad de ciertos activos según su encaje regulatorio y más verificaciones cuando se interactúa con servicios regulados. En el contexto de pagos cotidianos, el marco favorece una separación más clara entre el rol del emisor del token, el proveedor de servicios que lo integra y la infraestructura de aceptación del comercio, con requisitos de control y responsabilidad definidos en cada tramo del proceso.