Paja principotal

  1. Pelos
  2. Echarse atrás
  3. Aveee
  4. Vacio
  5. De vuelta. De Tooo!!

Las cosas ya no son lo que eran, con las miserias que pasaba yo para ir a Barcelona, horas y horas en las estrecheces de un autobús infinito. Y ahora pagas 170 euros y te meten en un ave y en tres miserables horas en Barcelona, como el que va al pueblo, sin esfuerzo. ¡Es tan cómodo... De eso se trata, de llevar una vida cómoda, vacía y sin esfuerzo.

Últimamente me siento mal conmigo mismo, porque gano más dinero y porque creo que no practico un consumo responsable. Gasto demasiado, sobre todo en transporte, con lo caro que está el petróleo. “La vida es un engaño.” Eso dice mi abuela Juliana, y ¡cuánta razón tiene! y cómo nos dejamos engañar!, cómo nos gusta dejarnos seducir por lo importante y por las tonterías, que se suceden las unas a las otras, que intercambian sus papeles con total impunidad.


El paisaje pasa tan deprisa, que apenas si acierto a captar las olas que el viento provoca en los verdes campos sembrados de cereales. Mientras, aporreo las teclas del portátil del trabajo, casi no necesito mirar el sofisticado aparato. Pero si miro mucho el paisaje me quedo lelo, va tan deprisa... ¡Es alta velocidad! y siempre línea recta, ni curvas, ni montañas, sólo tajos en la tierra.


Se ha perdido la ilusión, la ilusión de dejar el camino marcado, me he arropado con una manta de responsabilidades, cada vez más. Y ya no sé si es, que no puedo salir o que no quiero. ¡La vida es un engaño.


Esto de ir tan rápido tiene algo de diabólico, de que algo malo está ocurriendo, o va a ocurrir. Casi, ni hace ruido.


A mí, me gusta viajar, en tren lo que más, pero en uno que vaya despacio. Las vías de tren son sitios inhóspitos, sólo los trenes las frecuentan, no son como las carreteras, donde te puedes encontrar cualquier cosa, coches, amotos, bicis, peatones... Por las vías sólo pasan los viajeros, los no-autóctonos, los sin patria.


Ahora trabajo en las Rozas, está un poco lejos de mi casa y se tarda al menos una hora en llegar. Pero le he encontrado algunos aspectos positivos a este hecho. El primero es que todos los días camino casi una hora, en total. El segundo es que la otra hora la invierto en leer, a veces incluso escribo un poco. Otra cosa buena es el bucólico paisaje ¡parece mentira que pueda existir algo así tan cerca de Madrid! La estación de renfe en la que me bajo (Pinar de las Rozas), es un lugar casi mágico, la puerta entre dos mundos. A un lado de la vía: los centros comerciales, las autopistas, las empresas.... y al otro: el campo, las flores, los pájaros, los insectos... A veces cuando vuelvo a casa, casi me alegro de que el tren se retrase, me paseo arriba y abajo, miro las montañas, los bosques de encinas, los sembrados y también Madrid, con sus altas torres, que desde allí parece hasta más limpio.


Zaragoza, ¡Qué rápido hemos llegado! Viajeros que bajan, otros que suben. Aquí hay pocos negros o sudamericanos, este no es un transporte para pobres. El dinero es el mejor separador: mejor que el idioma, la moral, la política, la religión, o todas esas chorradas.



Vaya, para la vuelta, estos cabrones del ave me han metido en el último asiento del último vagón. En un cuartito de pequeñas ventanas, además me ha tocado un asiento pegado a la pared entre dos ventanas. Apenas veo el paisaje y me jode. El portátil se está quedando sin batería, reboso de flatulencias y me aguanto para no apestar a las pocas personas que comparten conmigo el cutre compartimento, de vez en cuando dejo que se escape alguna, y escruto el aire al encuentro del pestilente olor, afortunadamente no percibo nada.

2 <== 3 ==> 4