• Activistas y madres de personas autistas en Venezuela piden no dejarse llevar por declaraciones sin sustento, sin importar el vocero, y recuerdan que no hay pruebas científicas sobre tal relación
  • Trump además afirmó falsamente que no había autismo en Cuba o entre comunidades amish porque no tienen dinero para medicamentos o hay bajas tasas de vacunación
  • El Tylenol, marca comercial de paracetamol o acetaminofén, es un medicamento seguro para fiebres altas o persistentes entre embarazadas
  • Un largo estudio realizado en 2,4 millones de niños entre 1995 y 2019 no encontró relación causal entre el medicamento y el autismo ni condiciones similares, siendo el historial familiar y genético mucho más importantes

Durante un acto en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump, afirmó el lunes 22 de septiembre de 2025, que el paracetamol, conocido en Venezuela como acetaminofén, y en Estados Unidos mayormente conocido por la marca comercial Tylenol, “durante el embarazo puede estar asociado con un riesgo mayor de autismo”, recomendando no tomarlo, mucho menos en estado de embarazo, ni administrarlo a infantes.

Asimismo, afirmó que “desde el año 2000, las tasas de aumento del autismo han aumentado mucho más del 400%”, agregando que “para ayudar a alcanzar el objetivo final de acabar con la fiebre del autismo, los NIH [Institutos Nacionales de la Salud, principal agencia de investigación médica de EE.UU.], anunciarán 13 importantes subvenciones sobre el autismo”.

Aunque no llegó petición de verificación de esta temática a nuestro chatbot  La Tía del WhatsApp, que también se encuentra en Telegram, en Cocuyo Chequea decidimos compilar las investigaciones científicas, y recabar testimonios de expertos, que comprueban que el uso médico del paracetamol no causa autismo, ni siquiera tomándolo durante el embarazo.

Un dato a tener en cuenta es que el mandatario estadounidense eligió a Robert Kennedy Jr. como Secretario de Salud de Estados Unidos, cargo que ocupa actualmente.

Kennedy es conocido por difundir teorías antivacunas y por asociar estas al autismo. No obstante, este es un mito que circula desde el año 1998, como explicamos acá, cuando verificamos que no hay una relación entre las vacunas y el autismo, aunque esta narrativa está basada en un estudio manipulado de Andrew Wakeman. Además, recordamos que

las teorías contra las vacunas nacieron con la creación de la primera de ellas, contra la viruela, en 1796. Entonces críticas en los periódicos de la época, a veces promocionado por sociedades médicas o científicas de la época, aseguraban que le saldrían partes de vacas a las personas que recibieron la inoculación. La decisión de Napoleón Bonaparte de inocular masivamente a sus tropas y la adopción por parte de la realeza de la época contribuyeron a cambiar estas percepciones.

Este chequeo es el resultado del apego riguroso a nuestra metodología de verificación, tras el análisis y contraste con las evidencias disponibles y no representa opiniones o juicios de valor, tal como lo establecemos en nuestra Política de Neutralidad y Apartidismo, en la que advertimos las limitaciones al ejercicio del periodismo en Venezuela. Así que te contamos los detalles.

¿Qué es el autismo?

Según el Instituto Nacional de Salud de EEUU, citando el Manual «Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5)», una guía creada por la Asociación Americana de Psiquiatría que usan los proveedores de atención médica para diagnosticar trastornos mentales y del desarrollo, las personas con trastornos del espectro autista a menudo tienen:

  • Dificultad para comunicarse e interactuar socialmente con otras personas;
    intereses limitados y comportamientos repetitivos
  • Síntomas que afectan su capacidad para desempeñarse en la escuela, el trabajo y otras áreas de la vida
  • Se conoce el autismo como un trastorno de “espectro” porque las personas que lo tienen muestran una variedad de características, necesidades, puntos fuertes y retos.

Los trastornos del espectro autista afectan a personas de todas las edades, razas, etnias, sexos y grupos económicos. Si bien pueden durar toda la vida, los tratamientos y servicios pueden mejorar la salud, el bienestar y el funcionamiento diario de una persona.

La Academia Americana de Pediatría recomienda examinar a todos los niños para determinar si tienen autismo. Todos los encargados de cuidar a niños deben hablar con su pediatra sobre la evaluación y la detección de los trastornos del espectro autista.

El NIH contradice a Trump

Los primeros datos científicos a tener en cuenta es que la primera publicación clínica del autismo fue hecha por el psiquiatra austríaco-estadounidense Leo Kanner en el año 1935, aunque Eugen Bleuler acuñó el término en 1911 para describir un modo de ser encerrado en sí mismo en la monografía Dementia praecox oder Gruppe der Schizophrenien para el Tratado de Psiquiatría y publicado en Viena en 1911. Por otro lado, el uso comercial del paracetamol fue a partir del año 1950, con su inserción en Estados Unidos. 

Es decir, el autismo existía antes que este medicamento.

Una revisión en la página oficial del Instituto Nacional de Salud de EE.UU. (NIH) permite encontrar en un artículo de análisis e historia sobre el paracetamol, que “Durante las décadas de 1960 y 1970, surgió una creciente preocupación por la toxicidad de los analgésicos sin receta, pero en el uso normal el paracetamol mostró un perfil de seguridad consistente”, por lo que en 1980 se produjo este analgésico pediátrico de forma comercial.

Si bien el artículo citado es del año 2000, su prevalencia en la página del NIH certifica que “Actualmente, el paracetamol es una opción de primera línea para el tratamiento del dolor y la antipiresis en una variedad de pacientes, incluidos niños, mujeres embarazadas, ancianos, personas con osteoartritis, dolores de cabeza simples y personas con afecciones musculoesqueléticas no inflamatorias”.

¿Qué dice la ciencia?

El Science Media Centre (SMC) de España, una oficina independiente de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), publicó la reacción de dos expertos ante la afirmación de Trump: 

La profesora asociada de Psicología Social y del Desarrollo en la Universidad de Durham (Reino Unido), Monique Botha, expresó: “Hay muchos estudios que refutan esta correlación, pero el más importante fue un estudio sueco de 2,4 millones de nacimientos (1995-2019) publicado en 2024, que utilizó datos reales de hermanos y no encontró ninguna relación entre la exposición al paracetamol en el útero y el autismo, el TDAH [Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad] o la discapacidad intelectual posteriores. Esto sugiere que no existe un efecto causal del paracetamol en el autismo.” 

Dicho estudio, tras “examinar la asociación entre el uso de acetaminofén durante el embarazo y el riesgo de autismo (…)”, en una muestra poblacional de “2.480.797 niños nacidos entre 1995 y 2019 en Suecia, con seguimiento hasta el 31 de diciembre de 2021”, concluyó que “El consumo de acetaminofén durante el embarazo no se asoció con el riesgo de autismo, TDAH o discapacidad intelectual en los niños en el análisis de control de hermanos.”, como evidencia el abstract del artículo, traducido en Google Translate.

Por su parte, el profesor de Obstetricia y Ginecología en el University College London y consultor honorario de Obstetricia en el University College London Hospital (Reino Unido), Dimitrios Siassakos, añadió: “El autismo es el resultado de varios factores, a menudo combinados, en particular, la predisposición genética y, en ocasiones, la falta de oxígeno en el momento del nacimiento como consecuencia de complicaciones. Las investigaciones han demostrado que cualquier aumento marginal aparente como resultado del uso de paracetamol durante el embarazo tiende a desaparecer cuando los análisis tienen en cuenta los factores más importantes.  Por ejemplo, en los estudios que analizaron a hermanos, cualquier asociación desapareció: lo que importaba era el historial familiar y no el uso de paracetamol”.

Por otra parte, el neurólogo de la Clínica Universidad de Chile Quilín y académico del Departamento de Neurología y Neurocirugía Norte de la Facultad de Medicina, Pablo Salinas, aclaró que “Toda la evidencia científica actual habla de una fuerte raigambre genética en la neurodivergencia con poca influencia de factores ambientales, sobre todo farmacológicos, como lo que se ha intentado hacer o menos aún de inmunizaciones, que es una mentira histórica que se difundió a comienzo del siglo”, como reporta este artículo de la Universidad de Chile

En otras palabras, la directora del Departamento de Psiquiatría Infantil y Adolescente, Psicosomática y Psicoterapia del Hospital Universitario de Fráncfort, Christine M. Freitag, explica que aunque el uso de analgésicos durante el embarazo puede ser riesgoso, “los trastornos del desarrollo neurológico, incluido el autismo, están relacionados con riesgos poligénicos”, es decir, “dichos trastornos no pueden atribuirse a un gen en particular, ni a un solo ingrediente activo de medicamentos”, detalla el medio alemán DW en español.

Es importante validar con expertos

Aunque los estudios citados demuestran que no hay relación entre el uso del paracetamol y el autismo, en Cocuyo Chequea buscamos fuentes de primera mano para aclarar aún más esta desinformación; por lo que contactamos a dos psicólogos del Movimiento Madres Azules y Padres, el cual tiene fines educativos, informativos y formativos sobre la neuro divergencia. 

Tal como solemos recomendar en Cocuyo Chequea, el psicólogo clínico, Jairo Molina, aconsejó  no alarmarse ante este tipo de afirmaciones no validadas por expertos, sino que hay que siempre validarla. Además, pidió prudencia en el consumo de redes sociales en las que todos los comentarios y opiniones relacionadas obtendrían atención.

Respecto a esta narrativa desinformativa, la psicóloga Damellys Rengifo añadió que “es fundamental que el público confíe en la información proporcionada por expertos en salud y en estudios científicos rigurosos, y no en declaraciones sin fundamento que pueden generar alarma innecesaria y desinformación. Sobre todo una carga emocional para aquellas madres que por diversas circunstancias estuvieron bajo algún tratamiento que incluía el consumo de acetaminofén/paracetamol”.

Asimismo, agregó que organizaciones como “la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos, la Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM)” desmienten tal relación entre el acetaminofén y el autismo, como evidencian los comunicados enlazados al nombre de cada organismo.

Por lo que ambos expertos concluyen, al igual que las organizaciones nombradas anteriormente, que “La difusión de información no verificada sobre temas de salud pública es peligrosa”; puesto que, en este caso, “el alarmismo impedirá que las mujeres accedan a la atención adecuada durante el embarazo. Además, se corre el riesgo de estigmatizar a las familias que tienen hijos o hijas autistas como si ellas mismas lo hubieran provocado, y se reaviva el antiguo patrón de vergüenza y culpa materna que hemos visto resurgir repetidamente en los últimos 70 años, en los que se intenta culpar de alguna manera a la madre por el autismo», explicó la profesora Botha, en el artículo de SMC

Aumento de los casos o… ¿más detecciones en Estados Unidos?

Respecto a la afirmación de Trump de que en el siglo 21 han aumentado los casos de autismo, y de que hay un rumor de que “no hay autismo en Cuba debido a que en la isla no hay Tylenol”, el medio cubano en el exilio elTOQUE, aclaró que “En Cuba sí hay autismo, aunque los registros oficiales están limitados y subestimados, y la falta de Tylenol no tiene relación con la prevalencia del trastorno”.

“En Cuba existen 3 500 personas registradas con el espectro autista, el 60 por ciento de ellas del sexo masculino, de acuerdo a cifras oficiales citadas por la agencia estatal ACN en abril de 2025”, detalla elTOQUE. A su vez, cita datos del Ministerio de Salud Pública de Cuba, los cuales calculan que “uno de cada 2.500 niños presenta trastorno del espectro autista. Sin embargo, la información oficial, citada por MEDICC Review, reconoce que esta cifra probablemente esté por debajo de la realidad debido a limitaciones en los métodos de vigilancia y diagnóstico.”

Asimismo, CNN en español reseñó que, “aunque Cuba ha reportado una incidencia mucho menor de autismo que muchos países desarrollados —0,36 casos por cada 10.000 personas— los profesionales de la salud de la isla reconocen que esto puede deberse en parte a la falta de recursos necesarios para diagnosticar la condición de manera más amplia”.

La propia OMS calculó en el año 2023 que “uno de cada 100 niños tiene autismo”, pero, advirtió que “la prevalencia del autismo en muchos países de ingresos bajos y medianos es hasta ahora desconocida”.

Antes de la rueda de prensa del 22 de septiembre de 2025, Trump ya había desinformado sobre el autismo. En febrero de 2025 el mandatario estadounidense usó su cuenta en la red social Truth Social para respaldar al abogado antivacunas Robert Kennedy Jr, quien entonces aspiraba a ser confirmado como Secretario de Salud de su gobierno, diciendo falsamente que hace 20 años sólo 1 de cada 10.000 niños tenía autismo y ahora 1 de cada 34. 

Lo cierto es que los CDC han documentado que la tasa pasó de 1 cada 125 a 1 cada 36, pero expertos en salud consultados por FactChequeado explican que este aumento está basado especialmente en cambios en los criterios de diagnóstico (con más casos leves y en bebés), mayor concienciación sobre el espectro autista y mejores herramientas de detección.

Así mismo, otra investigación de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) determinó que “la prevalencia del TEA entre niños de 8 años fue mayor en 2022 que en años anteriores”, encontrando una mayor prevalencia en niños asiáticos, del Pacífico Oriental, latinos o negros que en niños blancos o multirraciales de la misma edad, así como una mayor concurrencia de discapacidad intelectual. Además, hallaron que se registró una mayor cantidad de niños diagnosticados antes de los 4 años en 2018 que en 2014, lo que confirmaba patrones históricos de mayor índice de detección temprana. El estudio recomienda como política pública “la necesidad continua de una mejor planificación para brindar servicios equitativos de diagnóstico, tratamiento y apoyo a todos los niños con TEA” para que todos “alcancen su máximo potencial”.

Por su parte, en Venezuela no hay cifras actualizadas disponibles sobre la cantidad de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA). No obstante, “se estima que de cada 45 niños nacidos, 1 tiene está condición”, según la Fundación Un día a la vez. Un número similar a la tasa señalada por los CDC en EE.UU.

Gobierno de Trump y las desinformaciones sobre el autismo

En la rueda de prensa del 22 de septiembre Trump también pidió por espaciar las vacunas infantiles e incluso retrasar la vacuna contra la hepatitis B para los recién nacidos. Es “demasiado líquido, demasiadas cosas diferentes están entrando en ese bebé”, dijo. Un artículo de The New York Times revela cómo el tema es personal y político para el mandatario, quién ha desinformado sobre la relación entre vacunas y autismo desde que era presentador del reality show El Aprendiz hace más de una década, pero también hay una motivación en relación con Kennedy, quien ayudó a que fuera reelecto con su propio movimiento, Make America Health Again (MAHA, Hagamos América Saludable Otra Vez).

Al mismo tiempo, en Cocuyo Chequea pudimos encontrar que la desinformación sobre la relación entre vacunas y autismo, así como su falsa inexistencia entre la comunidad amish, está circulando desde meses antes de esta declaración.

Como un estudio con fallas metodológicas que se viralizó en Facebook y fue desmentido por AFP en abril de 2025 o una  declaración del Secretario Kennedy, señalando falsamente que los CDC habían escondido una investigación que revelaba un aumento del más del 1.000% de casos de autismo entre niños con vacunas de hepatitis B. No fue escondido, fue presentado públicamente en la Conferencia Anual del Servicio de Inteligencia Epidemiológica pero además, no era una investigación sino era un resumen de fase preliminar. Finalmente, los autores descartaron la hipótesis en sus conclusiones finales: no se encontró “asociaciones significativas consistentes” entre el timerosal de las vacunas y el autismo.

Los niños amish [comunidad religiosa cristiana que mantiene costumbres de vida del siglo XIX] son los más sanos del mundo porque no han recibido ninguna vacuna”, fue la desinformación que circuló en redes sociales como Facebook y X en marzo de 2025, argumentando que “siguiendo las tendencias nacionales [de EE.UU], debería haber habido unos 2.000 casos de autismo. Y pudieron encontrar solo tres”, citando supuestamente al investigador “Dan Olmsted”.

No obstante, el equipo de verificación del medio EFE hizo una búsqueda de palabras claves que lleva a la publicación de Dan Omlsted. Sin embargo, el texto “es un artículo periodístico y no un estudio científico”. En este, “Olmsted afirma que, en una comunidad amish, que visitó solo había tres niños con autismo, pese a que extrapolando los ratios nacionales esperaba que esa cifra fuera superior a 100 personas (y no 2.000 casos, como señalan las publicaciones engañosas)”, aclara EFE.

Al contrario de ello, EFE señala un artículo del año 2020 en el que detectaron un caso de TEA por cada 271 niños, en una muestra poblacional de 1899 infantes en dos comunidades amish, “mientras que la incidencia en la población general estadounidense era de 1 caso por cada 88 menores”.

Con esta misma narrativa desinformativa, en agosto de 2025 se viralizó una imagen que afirmaba que “hay cero niños amish que sufren de cáncer, diabetes o autismo”. Sin embargo, el equipo de El Sabueso, la unidad de verificación de Animal Político de México, comprobó que, investigaciones científicas estadounidenses corroboran que, aunque la tasa de vacunación en la población amish es menor al porcentaje de la población general,  estas comunidades “no demuestran un rechazo total”. Además, afirman que “tampoco hay evidencia que respalde que los amish están libres de enfermedades, como afirman las publicaciones”.

Así mismo, el Secretario de Salud, Roberto Kennedy Jr, conocido antivacunas, había prometido en abril que mediante una investigación con «científicos de todo el mundo» encontraría las causas del autismo para septiembre, como efectivamente anunció junto a Trump.

Científicos y médicos advirtieron entonces que la promesa era «equivocada y poco realista». El artículo de la BBC en inglés recordó también cómo las teorías anti-vacunas están basadas en el artículo falseado de Wakeman y en un rechazo original a la vacuna de la viruela de 1796.

Parece inofensivo, pero es un riesgo para la salud pública

Estas narrativas desinformativas, antivacunas y antianalgésicos, y básicamente anti-ciencia, conllevan riesgos de salud para la población general. Un claro ejemplo de ello es Canadá: enfrenta el mayor brote de sarampión en Norteamérica, con más de 3,800 casos en este 2025, los cuales fueron impulsados por las bajas tasas de vacunación, ya que existen comunidades que se resisten a la vacunación, por la propagación de desinformación antivacunas tras la pandemia, como evidencia este artículo de Animal Político

El epicentro de este brote está en Alberta y Ontario, donde la cobertura de la vacuna triple vírica cayó drásticamente, sobre todo en la población de los menonitas, cuyos grupos conservadores sólo recurren a la medicina moderna “cuando es necesario”. 

Animal Político aclara que, según los expertos “sólo un aumento significativo en la inmunización podrá frenar la expansión de este virus altamente contagioso, reemergente en un país que lo había declarado erradicado desde 1998”. Antes hubo también un rebrote en Francia y de rubeola en EE.UU., también debido a estas campañas antivacunas, lo que fue documentado también en el artículo “Un momento de reflexión acerca de las vacunas” de la doctora Gema Cáceres Bermejo, doctora de la Universidad Complutense de Madrid, como una advertencia sobre un asunto zanjado científicamente cuyas dudas no deberían volver por estas narrativas, pues los peligros de suspender o reducir las tasas de vacunación trascienden lo individual, afectando lo colectivo.

Conclusión

La afirmación de que el paracetamol (acetaminofén) o las vacunas causan autismo es una desinformación reforzada por declaraciones de Donald Trump, Robert Kennedy Jr., y otros funcionarios estadounidenses. Sin embargo, estas no tienen respaldo científico, como evidencia nuestro método de verificación.

A pesar de ello, esta narrativa continúa circulando y alimentando la desinformación en salud pública, poniendo en riesgo la confianza en medicamentos seguros como el paracetamol, sobre todo su uso durante el embarazo, y la vacunación infantil.

No obstante, las evidencias científicas son claras: estudios de gran escala y organismos internacionales como la OMS, el NIH y el CDC confirman que el autismo tiene un fuerte componente genético y no está vinculado al uso del paracetamol ni a compuestos que estén relacionados con las vacunas. 

Ante la importancia de frenar la desinformación que compromete la salud materno-infantil, te invitamos a consultar a la Tía de WhatsApp, nuestro chatbot de verificación de información también disponible en Telegram.