El presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, suele recordar que durante el poco tiempo que vivió en su país durante su infancia debía evitar andar mucho por las calles, porque su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), había sido uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y para los dictadores militares era un “comunista”, cuya cabeza tenía precio.
En aquella Bolivia de comienzos de los años 70, el pequeño Rodrigo, de 9 años de edad, era un niño de cara desconocida, pero con un apellido de larga trayectoria, muy identificable en la política boliviana. Algo de eso esconde la clave de su victoria electoral de este domingo.
Para la mayoría de los bolivianos Paz Pereira es hoy el rostro nuevo, casi desconocido, de un licenciado en relaciones internacionales que en realidad dedicó toda su vida a la política, pero que nunca había llegado a competir por la presidencia.
“Cuando vivíamos en la calle Tarija, de la ciudad de Cochabamba, teníamos que llevar una vida oculta porque nos estaban por sacar al exterior, nuevamente al exilio porque se venía otro golpe de Estado”, recordó en una entrevista.

Vida en España y persecución política
Además de hijo de Paz Zamora, Rodrigo es parte de la larga saga política familiar, como sobrino nieto del también expresidente Víctor Paz Estenssoro (1985-1989).
Nació en uno de los tantos exilios de su padre, el 22 de septiembre de 1967 en Santiago de Compostela, España, de donde es originaria también su madre, Carmen Pereira. De su tiempo en aquella ciudad, meca de peregrinos de toda Europa que recorren el “camino de Santiago”, destacó que se volvió “muy devoto del tata Santiago”, como se llama en Bolivia al santo católico que se relaciona con el campesinado y las áreas rurales bolivianas, fuerte bastión del voto que le dio este domingo el triunfo.
Regresó a vivir a España en varias oportunidades, incluso en épocas en que sus padres estaban exiliados en otros países, junto con su hermano Jaime fueron criados por sus abuelos gallegos. ”Fue un aprendizaje extraordinario», asegura.
Pero la persecución y la tragedia acosaron a toda la familia. Incluso su madre sobrevivió a un inexplicable accidente automovilístico durante el exilio en Bogotá.
Con la normalización de la vida política en Bolivia y la llegada de su padre a la presidencia, la vida de Paz Pereira tomó carriles más normales.
Se graduó de economista y licenciado en Relaciones Internacionales, y realizó una maestría en Gestión Política en la American University, en Estados Unidos.
Siguiendo el linaje familiar, Paz Pereira inició su carrera política en 2002 cuando llegó al Congreso por el departamento de Tarija. Entre 2010 y 2020 regresó a la ciudad para convertirse en concejal y luego en alcalde, puesto que ganó con un 55% de los votos.
Desde 2020 es senador nacional por la alianza Comunidad Ciudadana de centroderecha y este año se postuló por primera vez a la presidencia por el Partido Demócrata Cristiano.
Durante toda la campaña electoral, Paz Pereira buscó contrastar con el “tecnócrata” Tuto Quiroga, del que dijo: “Yo no tengo plata para pagar encuestas como otros precandidatos”, y dijo que su alternativa era “viajar, viajar y viajar, para conocer todo y estar con todos al mismo tiempo en la patria”.
En la primera vuelta, Paz Pereira alcanzó el 32,6 % de los votos a escala nacional, pero en Tarija, donde fue alcalde, quedó en tercer lugar con cerca de 19 % de los votos.
Pero la gran mayoría de los bolivianos decidió este domingo que este hombre, cuya vida está indudablemente ligada a la lucha y el sacrificio, puede conducir a una transición ordenada a un país en llamas.
Paz Pereira ganó la segunda vuelta del 19 de octubre con el 54,57 % de los votos, de acuerdo con la información preliminar difundida por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Bolivia con poco más del 97 % de las actas procesadas.
Paz obtuvo ese porcentaje frente a un 45,43 % del exmandatario conservador Jorge Tuto Quiroga (2001-2002), según los datos del Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (Sirepre) ofrecidos por el TSE, con el 97,68 % de las actas computadas.

