En lo que va de septiembre de 2025, además de los niveles inicial, básico y medio de educación, el universitario también da inicio a su nuevo periodo académico, correspondiente al segundo semestre del año.

Pero, tal y como ya ha sido común en los últimos años, este nuevo arranque de clases viene acompañado con una serie de situaciones contrastantes, que alimentan la ampliamente y constante denuncia sobre crisis educativa.

Mientras algunas instituciones privadas como la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) celebran un inicio con más de 7.000 alumnos reintegrados y la apertura de nuevas carreras, las universidades públicas enfrentan un panorama de incertidumbre, retrasos administrativos y una crisis estructural que amenaza con profundizar la deserción.

El Sistema Nacional de Ingreso (SNI), administrado por la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), generó semanas de ansiedad entre miles de bachilleres, con resultados publicados con demora a finales de agosto y problemas técnicos que complicaron las inscripciones para el lapso que arranca en septiembre.

Así comenzaron en las universidades privadas

Aunque no son ajenas a la deserción estudiantil, esto debido en la mayoría de los casos a la situación económica de las familias, las instituciones privadas comenzaron el naciente semestre con expectativas y con amplias alternativas para los estudiantes.

En la Ucab, por ejemplo, el semestre septiembre 2025-enero 2026 arrancó con entusiasmo. Las inscripciones para nuevos ingresos se extendieron hasta el 24 de octubre, con una nueva prueba de admisión programada para el próximo 1 de noviembre.

«Más de 7.000 alumnos iniciaron las actividades«, reportó el rector Arturo Peraza en un comunicado oficial, destacando el lanzamiento de Ingeniería Mecatrónica, TSU en Diseño y Producción de Software, y TSU en Seguros –esta última con 19 pioneros en Caracas–.

Sin embargo, incluso en esta universidad privada, así como en similares como la Universidad Santa María, la Monteávila, Metropolitana, Ucsar y otras, los costos –con listas de materiales que superan los 200 dólares por semestre– pesan en un contexto de inflación galopante y mensualidades que, en algunas carreras, van desde los 600 dólares por trimestre y en otras superan los 1.000 dólares.

Públicas en sombras

El contraste es abismal en las universidades públicas, donde el retorno es «a trompicones», según testimonios de estudiantes y profesores consultados en redes y reportes locales.

La Universidad Central de Venezuela (UCV), la más emblemática del país, no ha emitido anuncios específicos sobre el inicio del lapso 2025-2 en su portal oficial, pero fuentes internas hablan de un arranque irregular a mediados de septiembre, en algunas escuelas, con aulas a medio llenar por falta de cupos asignados y deterioro en la infraestructura.

El 71% de los planteles universitarios nacionales –incluyendo UCV, Universidad Simón Bolívar (USB) y Universidad del Zulia (LUZ)– reportan problemas crónicos: techos colapsados, cortes de luz y agua intermitentes, y un déficit de hasta 50.000 profesores, según estimaciones de gremios como la Federación de Profesores Universitarios de Venezuela (Fapuv).

Parte de la tormenta fue el SNI 2025, cuyos resultados anunciados para el 22-25 de agosto por el ministro Ricardo Sánchez, los resultados no aparecieron sino hasta el 27, lo que dejó a cientos de jóvenes «en vilo», pues varios no fueron asignados y deberán esperar a una nueva oportunidad prevista a partir de este 29 de septiembre.

Esto elevó la deserción, pues expertos estiman que al menos el 20% de los asignados no se inscribieron por esas barreras logísticas y muchos no cuentan con recursos para pagar universidades privadas.

Docentes en las mismas

Con el arranque oficial del período académico 2025-2026, miles de profesores en las casas de estudio superiores públicas regresan a las aulas no con entusiasmo renovado, sino con una vocación sujeta a la supervivencia.

La Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (Fapuv) y la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (Apucv) han alzado la voz en los últimos días, al denunciar un colapso que devora no solo presupuestos, sino la esencia misma de la educación superior.

Salarios que apenas superan los 3 dólares mensuales para un titular, infraestructuras en ruinas y una emigración masiva de talentos: así se dibuja el panorama en la Universidad Simón Bolívar (USB), la UCV y otras instituciones, donde la gratuidad prometida parece traducirse en un trabajo forzado que nadie agradece.

El profesor William Anseume, dirigente gremial de la USB, no escatimó palabras al describir el reinicio de clases como un «complejo problema universitario» que huele a «explotación descarada».

«Pareciera que consideran que la gratuidad de la enseñanza significa que debemos trabajar sin cobrar«, soltó en una declaración reciente que circuló entre colegas y redes.

Anseume, con décadas en las aulas de Ingeniería en Sartenejas, indica que un ,José Gregorio Afonso, almuerzo en el comedor de la USB por tres días, se traga el sueldo entero de un profesor de mayor rango.

Por su parte, José Gregorio Afonso, presidente de la Apucv, ha calificado estos ingresos –entre 2 y 8 dólares mensuales, según el escalafón– como «inhumanos».

«Con remuneraciones que oscilan entre 1 y 4 dólares es imposible garantizar una generación docente de relevo, no es posible detener el éxodo de nuestros colegas y el país pierde a sus académicos. Los universitarios insistimos: ¡aumento salarial ya!», dijo.

La Fapuv, en sintonía, ha recordado en foros recientes que el 69% de los docentes depende de trabajos extras para no colapsar.