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Opinión

¿Ideóloga de la revolución?, por Carolina Jaimes Branger
Dentro de la revolución hay otras “ideologías”, que van desde el revisionismo histórico hasta simples consejos cotidianos. Hace un tiempo me tocó vivir una aproximación a este tipo de “ideología”

 

@cjaimesb

En un libro publicado en 2005, el historiador Germán Carrera Damas expone al bolivarianismo y al militarismo como «ideologías de reemplazo». Su lectura es obligatoria para tratar de entender la seudojustificación de esta locura que estamos viviendo.

Pero, además, dentro de la revolución hay otras «ideologías», que van desde el revisionismo histórico hasta simples consejos de desenvolvimiento cotidiano. Hace un tiempo me tocó vivir una aproximación a este tipo de «ideología». La protagonista, una profesora venezolana que me tocó como vecina en un restaurante. Hablaba tan fuerte que yo, que estoy medio sorda porque tengo tinitus, la escuchaba como si estuviera en mi mesa. Confesó tener cuarenta y seis años y sentirse cómoda con el gobierno de Maduro tanto como se sintió con el de Chávez.

Entabló conversación con los comensales de otra mesa cercana, en voz lo suficientemente alta y clara para que todos los que estábamos a su alrededor la oyéramos bien. De hecho, pienso que era eso exactamente lo que deseaba. Comenzó criticando sin piedad a Servando y a Florentino, los cantantes hijos del también cantante Alí Primera: «esos muchachos se desviaron del camino… lo único que les interesa es hacer real… y no se han dado cuenta de que ahora Venezuela es otra… uno no está aquí para hacer real».

Poco después y de manera contradictoria, dijo que era «cacica» en el lugar donde vivía, y le ofreció a una de las muchachas con las que hablaba, cuando supo que era arquitecta: «tú me diseñas unas casitas, nos asociamos, tengo quien nos dé un crédito ¡y vas a ver cómo nos tapamos de real! Por lo visto, en esta «otra Venezuela», solo algunos «caciques» pueden «taparse de real». Esos caciques hoy en día se llaman, simplemente, enchufados.

Luego pasó a explicar que «no importaba dónde se estudiaba, lo importante era estudiar». Por supuesto, si la elección está entre estudiar algo y no estudiar nada, la afirmación es válida. Pero en la vida real no hay reemplazo para una buena escuela, un buen liceo y una buena universidad. El régimen que justifica la piratería en educación perpetúa la mediocridad y crea más vasallos, porque una persona mal preparada solo encuentra trabajo en el sector público, si es que lo encuentra.

Más tarde tocó el tema del Libertador Simón Bolívar: «Él fue distinto a todos los demás godos de Caracas, porque a él lo criaron las negras (sic), que no eran venezolanas, sino africanas»… ¿africanas? ¿Y dónde quedaron Simón Rodríguez, el abuelo Esteban Palacios, el padre Andújar y los viajes a Europa?, me pregunté yo. ¿Será que la profesora no aprendió que la causa de la independencia en sus primeros años no fue abrazada por el pueblo llano, sino que tuvo que llegar Páez para que indios, mestizos, pardos y negros cambiaran de bando?… De cualquier manera, no entiendo qué perseguía la profesora con esta afirmación.

Como corolario, pasó a descargarse a los maracuchos: «Maracaibo es Miami: los maracuchos son más de allá que de acá, y eso tiene que cambiar». Ni una mención al infierno que están pasando los zulianos con la falta de todos los servicios básicos, empezando por la electricidad. Tal vez su silencio explica el éxito que ha tenido el gobernador Rosales en ir contra la corriente.

¿Ideóloga de la revolución?… Como decía Omar Lares, ¡se cansa uno!

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Pasión argentina o una relación tóxica, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Cierro los ojos y veo en la pantalla del televisor NEC de 14” a Diego Maradona levantando y besando la copa del mundo. Aquella imagen hizo que me enamorara del fútbol

 

@SoyJuanette

Hoy les quiero contar de una relación que comencé en junio de 1986, cuando yo tenía 7 años. Y como todo cuento de hadas, comenzó con muchas risas, suspiros y admiración; pero durante estos 36 años no todo ha sido color de rosas. En esta oportunidad les quiero hablar del amor, pero también del sufrimiento que me ha dado la selección argentina.

El primer recuerdo que tengo de esta, es la del final de México 1986. Ese partido lo vimos en familia en la casa de mi abuela Rosa, en Los Magallanes de Catia, en el lugar donde tuve una infancia muy feliz. Cierro los ojos, me transporto hasta ese momento y veo en la pantalla del televisor NEC de 14 pulgadas color blanco, a Diego Maradona levantando y besando la copa del mundo. Aquella imagen hizo que me enamorara del fútbol.

Obviamente la previa del Italia 90 la pasé en el patio de la casa de mi abuela jugando con un pequeño balón Tamanaco, que creo era de mi tío Enrique. Uno de los partidos más sufridos de aquel mundial en Italia fue el de Italia-Argentina, donde finalmente los capitaneados por Maradona dejaron en el campo a la Italia de Salvatore “Toto” Schillaci, para luego perder la final ante la Alemania de Franz Beckenbauer en la tanda de penales… esa fue la primera vez que la selección me rompió el corazón.

Por fortuna, llegaron algunas alegrías con la Copa América de 1991, cuando los comandados por Coco Basile se alzaron con el trofeo, tras estar 32 años sin ganarla. Las figuras del momento fueron El Cholo Simeone y Gabriel Omar Batistuta. Y qué decir de la que se ganó en el 1993, cuando aquella selección nos dio la alegría de obtener la insignia de Campeones de América de forma consecutiva. Con ese panorama todo estaba dicho: USA 94 sería el mundial de Argentina ¿Qué podría malir sal?

Los once del Coco Basile llegaron a Estados Unidos y golearon 4 a 0 a Grecia, en un partido donde los asistentes al Foxboro Stadium de Boston fueron testigo de un Diego Maradona en su mejor momento. En el segundo partido ante Nigeria, Caniggia marcó los dos goles que dieron la victoria a la albiceleste. 

Al terminar ese partido, la enfermera Sue Ellen Carpenter entró al campo y buscó a Diego Armando Maradona para llevarlo a un control antidoping. Días después la alegría se convertiría en lágrimas. Tras dar positivo por Efedrina, el Pelusa se retiraba del mundial y de la selección. Aquel golpe anímico dejaba a la argentina fuera de la carrera mundialista aquel año.

Luego vinieron los mundiales de 1998, donde se llegó a cuartos y se perdió con Holanda; Corea y Japón 2002, donde se perdió ante Inglaterra, se empató con Suecia y se tuvo que volver en la fase de grupos. Y qué decir de Alemania 2006, donde Argentina fue eliminada una vez más por la selección anfitriona.

Hasta aquí todo era sufrimiento. Pero, por alguna razón inexplicable, yo seguía apoyando a la selección argentina en una Venezuela previnotinto, donde la mayoría alentaba a Brasil. Pero todo sacrificio tiene su recompensa. Aunque a veces no…

En Sudáfrica 2010 Argentina llegaba con mucho ímpetu y con dos figuras claves: Diego Maradona como director técnico y Lionel Messi como el mejor jugador del mundo. Ante este panorama ningún equipo nos podía vencer, al menos eso creíamos; pero una vez más Alemania nos dejaba en el camino.

A los cuatro años eliminamos a Brasil en su casa. Y hasta se llegó a la final. Pero nuevamente Alemania, específicamente un gol de Mario Götze en la prórroga, acabaría con la ilusión de los hinchas argentinos en todo el mundo. Otra vez nos quedamos sin la copa mundial.

Y se vino Rusia 2018

El mundial de Rusia tiene para mí un recuerdo especial. Sí, ya sé que Argentina fue eliminaba en octavos de final por Francia. Sin embargo, fue mi primer mundial en suelo argentino. Y fue justamente en ese mundial que entendí por qué amo (sí, dije amo) a esta selección. Y es porque en Argentina el fútbol es una pasión que traspasa fronteras.

Para que entiendan bien, cuando juega la selección no funcionan ni los bancos, ni los entes privados o públicos (bueno estos no funcionan en casi ninguna parte del mundo, pero eso es otra historia). De hecho, trata de que no te pase nada durante un partido de la selección, porque el médico puede tardar más de lo previsto.

Las calles quedan desiertas y el silencio se hace presente. Solo aparece el ruido transformado en un grito de ¡Gol! Puedo tratar de describirlo todo lo que quieran, pero mi recomendación es que traten de vivir un mundial en suelo argentino, al menos una vez en la vida.

La Copa América y Qatar 2022

Ya a estas alturas de mi vida, y no esperando nada, la selección de Lionel Scaloni revivió en mí la fe cuando ganó la Copa América 2021. Fue una experiencia maravillosa ver a todo un país festejando en las calles, vestidos con la camiseta de la selección, llenando de papelitos blanco y celeste el cielo de Buenos Aires. Nuevamente los fanáticos de la selección volvimos a creer que es posible… Y así llegamos a Catar.

En Qatar 2022, la selección argentina llegó como favorita, pero tras el primer partido ante Arabia Saudita, La Scaloneta (así llaman a la selección), perdió el invicto tras perder 2 goles por 1. Esto puso sobre todos la espada de Damocles… por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de estar fuera en la primera fase se hizo presente.

Luego se vino el partido contra México, donde me atrevería a decir que los fanáticos de argentina sufrimos terriblemente. Pero bueno, el amor es así, unas son de cal y otras son de arena.

Para el momento en que escribo este artículo Argentina acaba de ganarle a México 2 goles a 0, después de un partido superdifícil, donde el primer gol llegó al minuto 64, y el segundo en el 86.

Ahora se viene Polonia, nuevamente toca sufrir. Pero cada partido de Argentina es como un rito religioso. De hecho, hay fanáticos que prometen cosas, si la selección llega a ganar. Y ustedes se preguntarán ¿Por qué apoyas a un equipo que te ha hecho sufrir desde tu infancia? Bueno, porque así es el amor por la selección: te da sufrimiento, pero también alegrías.

Probablemente nos toque sufrir, esperemos que no sea tan pronto. Pero si llega a pasar lo que no queremos que pase, igualmente siempre tendremos la alegría de otro mundial dentro de cuatro años.

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Algo más sobre el «quiebre epocal», por Asdrúbal Aguiar
Hasta el tema de la paz lo perturba el «quiebre epocal». Provoca divisiones en las voluntades de los Estados

 

@asdrubalaguiar

Al escribir en 2008 mi libro El derecho a la democracia, desarrollo del discurso con el que me incorporo a la Academia de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, dejo atrás la visión procedimental o instrumental de la misma democracia como mecanismo para la organización del poder. Las luces de mi amarga experiencia con el referéndum revocatorio de 2004 en Venezuela y su forzado desenlace «utilitario» de manos del Centro Carter, acompañado por los gobiernos extranjeros que tres años antes habían suscrito la Carta Democrática Interamericana, fueron laboratorio propicio y experimental.

Le doy pivote a la idea seminal del «derecho humano a la democracia», entendiéndola como experiencia de vida personal y ciudadana.

Intento aprehenderla dentro de la idea de la nación, que en América es ajena a la perversa desviación europea de los nacionalismos. La entiendo como categoría cultural integradora, que armoniza y despliega la diversidad sin volverla rompecabezas y apenas la totaliza, para lo ciudadano, bajo la premisa de que todos a uno –lo decía Miguel J. Sanz– hemos de ser libres como debe serlo.

Miro al Estado, por ende, como un ropaje de circunstancia, casa de citas de élites políticas y económicas que se retroalimentan para servirse a sí, pero cuyo cuerpo real lo constituyen «lugarizaciones» e historias humanas varias, ciudades distintas que le dan vida a una nación. “Una civilización es ante todo un urbanismo”, recuerda Octavio Paz. 

El expresidente Valentín Paniagua, conductor de la transición en Perú, a propósito de mis reflexiones en el señalado libro me observa la afectación grave que ya acusan los estándares históricos de la democracia renovados en la Carta de 2001 y que describo con soportes jurisprudenciales.

Estimaba él, con lucidez, los efectos deconstructivos inevitables y coetáneos al reacomodo global que suscitaba no tanto el agotamiento del modelo soviético –que ha sido contracara y espejo-contrapeso– sino el ingreso de la Humanidad a la civilización digital y cuántica. De suyo quedaban comprometidas las bases espaciales y temporales del ejercicio del poder y del desempeño tenido por la política a lo largo de la milenaria historia de los hombres y de los pueblos. En Occidente, justamente, más ha dominado el Leviatán como artificio que las esencias de su mestizaje cultural e intertemporal recogidas en los espacios-ciudades que las agregan. Aquél las diluye y condena.

Hasta el tema de la paz lo perturba el «quiebre epocal». Provoca divisiones en las voluntades de los Estados, al punto de que cabe referir lo que presencio en 1999 como cabeza del Comité de Redacción de la UNESCO sobre el derecho humano a la paz convocado por Federico Mayor Zaragoza. El texto nace de un consenso racional práctico y una ética de mínimos universales. Es la obra del catedrático de Estrasburgo Karel Vasak, el excanciller uruguayo Héctor Gros Espiell, el juez hindú de la Corte Internacional de Justicia Raymond Ranjeva, el director del Instituto Noruego de Derechos Humanos Asbjørn Eide, el recién fallecido juez de La Haya Augusto Cançado Trindade, con quienes me encuentro previamente en Oslo.

Entendemos a la paz, todos a uno, como un derecho a un orden pendiente de implementarse desde 1948, constante en la Declaración Universal: “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”.

Apoyado por árabes e israelitas, africanos y latinoamericanos, sin embargo, se frustra el proyecto ante el cínico rechazo de una Europa culturalmente confusa y los países nórdicos que, a la sazón, se muestran como paradigmas en materia de derechos humanos. Priva el negocio de la guerra y la lucha contra los terrorismos locales. 

Pasadas más de dos décadas sobran, sin que se los atiendan con fines terapéuticos, los que fueran síntomas y en la hora que corre claras demostraciones del terremoto histórico que todo y a todos nos envuelve. Y he de repetir que, sin su adecuada comprensión mal se le podrá reconducir por fuerzas distintas a las destructivas de los sólidos culturales que lo caracterizan entre nosotros y desde un anclaje antropológico renovado.

En mi libro Calidad de la democracia y expansión de los derechos humanos (Miami, 2018), advierto sobre la paradoja del incremento de elecciones en el siglo XXI, que a la par vacían de modo proporcional los contenidos de la democracia. Agrego, además, a la inflación cuantitativa y cualitativa que ocurre en el conjunto de los derechos humanos conocidos al punto de vérselos como derechos al detal y a la diferencia, desnaturalizados –no son más todos para todos– mientras decrecen sus tutelas efectivas. Las violaciones de derechos se hacen sistemáticas, se las somete al debate y escrutinio de la conveniencia diplomática con mengua de la actuación de la Justicia.

Así también, mientras avanza el «quiebre epocal» y después de haberse sostenido la invalidez de las leyes de punto final que aseguraran el castigo de los criminales de lesa humanidad en Chile, Argentina y Uruguay, se ha pasado la página. Se habla ahora de «justicia transicional». Al crimen organizado y globalizado se le matiza y atenúa. Se arguye, por los sectores que se suman a la deconstrucción de ciudadanías culturales y la expansión ilimitada de neoidentidades, que este es la consecuencia de deudas sociales insatisfechas. Cabe privilegiarlas en toda negociación, afirman y Venezuela vuelve a ser el ejemplo.

En suma, la inadecuada ubicuidad dentro del contexto señalado o la incapacidad para su comprensión impide que asimilemos lo que con aguda presciencia observa, antes de la caída del comunismo, un maestro argentino del Derecho y las relaciones internacionales, Juan Carlos Puig: “Hay quienes dicen –y con razón– que la crisis que vive la Humanidad no es simplemente el anuncio de una nueva época histórica. Toda una era en la evolución geo-bio-morfológica terráquea está llegando a su final: la del laboreo de los metales comenzada hace más o menos veinte mil años en el cuaternario”.

correoaustral@gmail.com

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El límite del rebote, por Alejandro Armas
Este año podrá cerrar con un crecimiento del PIB, cosa que cacarea el chavismo. Pero eso es precisamente el rebote de la perestroika bananera, después de un desplome de alrededor de 80 %”.

 

@AAAD25

Los últimos meses no han sido muy buenos para los traficantes de conformismo que se dedican con ahínco a la cacería de “buenas señales” en la economía venezolana para justificar a la oposición prêt-à-porter que se adapta a la hegemonía chavista en lugar de adversarla. Una vez más, varios indicadores macroeconómicos van para peor. Mientras que en los primeros meses del año Venezuela experimentó una inflación mensual de apenas un dígito, en todos los meses ha sido de dos desde mayo, excepto por julio y septiembre, de acuerdo con cifras del Observatorio Venezolano de Finanzas. Si esto no nos parece tan catastrófico, es sencillamente porque se ve como algo nimio al lado de la inflación mensual de tres dígitos que hubo en 2018. Pero eso no niega que la situación se deteriora.

El tipo de cambio extraoficial lleva semanas de repunte vertiginoso, mientras que la tasa de cambio del BCV le sigue los pasos a distancia, pero igualmente disparada hacia arriba. No se sabe cuándo se detendrán, mientras aumenta el gasto público y las autoridades no parecen tener dólares para satisfacer la demanda en mesas de cambio, obligando así a muchos negocios a recurrir al mercado paralelo de divisas.

Toda esta devaluación tiene un efecto inflacionario, que golpea durísimo el poder de compra del venezolano común, sobre todo de aquel que gana en bolívares. Y si más gente deja de gastar en bienes y servicios no esenciales, cabe preguntarse qué pasará con el consumo que mantiene en funcionamiento la máquina de nuevos negocios que tanto se presenta como prueba de que “vamos bien” (ojo: no le deseo mal a ninguna novel empresa de gente honesta; solo advierto lo que podría pasar).

Este año podrá cerrar con un crecimiento importante del producto interno bruto, cosa que el chavismo no se cansa de cacarear. Pero eso es precisamente el rebote de la perestroika bananera, después de un desplome de alrededor de 80 %. Después de eso, el alza podría ser minúscula… Y parece que llegó a su límite.

Usted puede lanzar con todas sus fuerzas una pelota contra el suelo. Pero a menos que su consistencia sea apta para lo contrario, solo se elevará un poco en el aire luego del impacto. Es lo que pasa con nuestra economía. Sin duda, la liberalización parcial emprendida en 2019 por el gobierno de Nicolás Maduro (retiro del control de precios, tolerancia del uso del dólar, etc.) contribuyó con el freno a la contracción económica más brutal de la historia venezolana. Pero eso no basta de ninguna manera para un despegue espectacular, como el que experimentaron China y Vietnam después de alejarse de la ortodoxia marxista. Ni siquiera da para volver a como estábamos antes de la crisis.

Una recuperación económica de verdad, inclusiva, necesita que el país vuelva a tener completo acceso al crédito internacional.

Necesita garantías que motiven la inversión, nacional e internacional, de miles de millones de dólares. Es decir, instituciones que velen por el imperio de la ley y por la honra de compromisos del Estado. Esto a su vez luce inviable con una elite gobernante tan rapaz. No diré que es imposible, pero sí muy improbable, sin la restauración de la democracia en Venezuela.

Como indicó Maquiavelo (no el de El príncipe, sino el auténtico, el republicano, el de los Comentarios a ‘Las décadas’ de Livio), una sociedad activa en la toma de decisiones sobre el destino del Estado es el mejor custodio de la virtud pública, no necesariamente por un sentido natural de ética deontológica, como por la motivación utilitaria de vivir en un entorno favorable a las actividades privadas propias. Por el contrario, un gobierno que no se ve obligado a rendir cuentas a la ciudadanía solo tendrá incentivos para lucrarse a costa del resto.

De manera que la preservación del statu quo político apunta a la preservación de una economía mediocre, cuyos principales beneficiarios (el pequeño porcentaje de la población que no cayó en la pobreza) ni siquiera pueden contar con tranquilidad en el largo plazo. Además, mucho peor, una economía con mucha miseria y desigualdades grotescamente injustas.

Por lo general, hay una diferencia temporal entre la medición de fenómenos económicos y la de fenómenos sociales. Así, verbigracia, fue el año pasado, con la perestroika bananera en pleno desarrollo, cuando la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), que realiza la Universidad Católica Andrés Bello, halló el mayor porcentaje de pobreza desde que empezó su elaboración anual. En 2022, la Encovi detectó niveles de pobreza menores, pero que siguen siendo abismales: 81,5 % de los venezolanos en pobreza a secas y 53,3 % en pobreza extrema. Dicha reducción es el producto del rebote restringido de la economía. Sin embargo, los autores de la encuesta no prevén que la pobreza siga cayendo. ¿Por qué? Bueno, me atrevería a decir que tiene que ver con los indicadores económicos del presente. Los investigadores de la Encovi han de entender que ello es una señal de lo que encontrarán cuando realicen la próxima encuesta.

Como siempre, el llamado es a entender que nuestro país no merece esta abyección. Hay que actuar en consecuencia e insistir en el clamor por la restauración de la democracia venezolana.

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#PedagogíaEconómica | ¿Quiere Ud. entender en qué consiste la licencia a Chevron?, por Víctor Álvarez R.
La licencia a Chevron crea una especie de monopsonio legal en el que solo Chevron puede comprar el petróleo que produzcan las empresas mixtas en las que es accionista minoritario

 

@victoralvarezr

El sábado 26 de noviembre, el gobierno de Maduro y la Plataforma Unitaria reanudaron las negociaciones en México y firmaron un Acuerdo para la Protección Social del Pueblo Venezolano. Acto seguido, el Departamento de Tesoro emitió una licencia que autoriza a Chevron a extraer petróleo venezolano con destino al mercado estadounidense. La secuencia de estos movimientos comprueba las negociaciones directas entre la Casa Blanca y Miraflores.

El impacto de la guerra en Ucrania sobre los precios de los combustibles y la energía revitalizó el tema de la seguridad energética. En este contexto, la flexibilización de las sanciones pasa a ser un asunto de importancia estratégica para asegurar el control y suministro del petróleo venezolano. 

En efecto, al sancionar al petróleo ruso, la administración Biden quiere ahora recuperar el suministro oportuno y permanente de petróleo venezolano. Con el objetivo de asegurar que toda la producción de las empresas mixtas en las que participa Chevron se destine exclusivamente al mercado estadounidense, la Licencia General N° 41 (LG41) autorizó las siguientes actividades:

  • Producción y extracción de petróleo y sus derivados.
  • Venta y exportación de estos productos, pero solo a Estados Unidos, con un derecho preferente a favor de Chevron.
  • Compra e importación de productos necesarios para realizar las actividades anteriores.

Chevron opera en Venezuela desde 1920 y actualmente tiene una participación minoritaria en cuatro empresas mixtas con Pdvsa:

Petroboscán: con 39,2 % de las acciones, donde produce un tipo de crudo que se utiliza para el asfalto y es de gran interés para el plan de infraestructura de Biden.

Petropiar: con 30 % de las acciones, opera un campo en la Faja Petrolífera del Orinoco, cuyos crudos son depurados a través de costosos mejoradores que están inactivos por las sanciones.

Petroindependencia: en la que tiene 34 % de las acciones y explota uno de los mejores yacimientos de la FPO, con un gran potencial que no ha sido desarrollado plenamente.

Petroindependiente: con 25,2 % de las acciones en esta empresa mixta en el Lago de Maracaibo.

Chevron tiene una capacidad instalada que no ha podido aprovechar debido a las sanciones. A pesar del ultimátum de Trump para retirarse definitivamente de Venezuela, la compañía logró gestionar licencias para mantener sus inversiones en el país. La nueva licencia es de ejecución inmediata y permitirá un aumento de 125.000 barriles de petróleo diarios que, sumados a los 110.000 actuales, representan al menos 235.000 barriles de petróleo diarios que ayudarán a aliviar el alza en los precios de los combustibles y la energía en el mercado estadounidense. 

Según el marco legal vigente, es Pdvsa quien compra y comercializa –con carácter de exclusividad– la producción petrolera de las empresas mixtas. Como socio mayoritario, Pdvsa debería decidir cómo se realiza la comercialización de los crudos. Las empresas mixtas son las titulares de los derechos de exploración y producción, pero en los términos en que se publicó la LG41, Chevron se convertirá en el titular de los derechos de producción, exportación y comercialización del volumen de petróleo que se genere en las empresas mixtas en las que es accionista.

La LG41 impide a las empresas mixtas en las que participa Chevron a exportar petróleo a otros países. Tampoco pueden decidir libremente a quién venderlo: se lo tienen que vender a Chevron. Por lo tanto, esta licencia crea una especie de monopsonio legal en el que solo hay un comprador del petróleo que produzcan las empresas mixtas en las que Chevron es accionista minoritario. Y ese único comprador es Chevron. Paradójicamente, la propia Ley Antibloqueo servirá –a quienes bloquearon a Venezuela– para desaplicar el marco legal según el cual solo Pdvsa puede exportar el petróleo venezolano.

El comunicado de prensa del Departamento del Tesoro dice que: “Esta autorización impide que Pdvsa reciba ganancias de las ventas de petróleo de Chevron. LG41 autoriza solamente la actividad relacionada con las empresas conjuntas de Chevron en Venezuela, y no autoriza otra actividad con Pdvsa.”  Es necesario aclarar que –a través del cobro de la regalía–, el Estado venezolano ejerce su condición de propietario de las riquezas del subsuelo. Quien cancela la regalía del 33,3 %, así como el Impuesto Sobre la Renta de 50 % es la empresa mixta en la que Pdvsa es el accionista mayoritario.

La regalía es la remuneración que recibe el Estado venezolano por la liquidación de un recurso natural no renovable y quien la paga es la empresa mixta que tiene la autorización para explotar los yacimientos, no la paga directamente Chevron. Por otra parte, las empresas mixtas son las que pagan dividendos a sus accionistas. No es Chevron la que paga dividendos a Pdvsa, más bien Chevron cobra dividendos por su participación en la empresa mixta.

Una cosa es la empresa mixta que explota los yacimientos y otra cosa es Chevron como comprador del petróleo que extrae la empresa mixta. Al comprar petróleo venezolano, Chevron no tiene obligación de pagar ninguna regalía, toda vez que actúa en condición de comprador y no de productor. Por lo tanto, no hace falta prohibir a Chevron pagar regalías e impuestos a la república, ya que son las empresas mixtas a las que les corresponde hacer estos pagos.

Las sanciones petroleras causaron un considerable daño a los exportadores estadounidenses de bienes y servicios que son proveedores de Pdvsa. Las nuevas licencias favorecen a las empresas de servicios como Halliburton, Schlumberger y otras más, a las cuales se le otorgan permisos para seguir operando en Venezuela y atender las necesidades de servicios de las empresas mixtas en las que Chevron es accionista, a las cueles podrán vender piezas, repuestos, tuberías, taladros y tecnología.

Al no tener que vender el petróleo venezolano a escondidas, la LG41 permite comercializar los crudos venezolanos con mayor transparencia y no bajo el secretismo que permite la Ley Antibloqueo. Con la reapertura del mercado petrolero de EE. UU., el más grande del mundo, empiezan a superarse los impedimentos para que el petróleo venezolano pueda venderse a precios de mercado en Europa y Asia. Así se abren vías para corregir la sobreaplicación de las sanciones y para que otras empresas como Repsol y ENI retomen sus operaciones en Venezuela. Tengamos en cuenta que hay más de 40 socios de Pdvsa en las empresas mixtas que reclamarán un trato semejante al de Chevron, y con mucha razón reclamarán: o hay licencias para todos o no hay licencia para nadie.

Al vender los crudos nacionales sin los ruinosos descuentos a los intermediarios, ni los sobreprecios a las navieras que desafían las sanciones para transportar el petróleo venezolano, el país saldrá beneficiado al recibir más ingresos que podrán ser destinados a mejorar las condiciones de vida de las familias venezolanas. En principio, los recursos para financiar el Acuerdo de Protección Social saldrán de la liberación de los fondos que la República tiene bloqueados en el exterior. Gobierno y oposición acordaron que esos recursos sean administrados con el apoyo de las Naciones Unidas, así como la creación de una Mesa Nacional de Atención Social para garantizar la transparencia en el uso de los fondos que estarán dirigidos principalmente a la atención en materia de salud, electricidad, alimentación, así como a los afectados por las lluvias.

En los hechos, se trata de un mecanismo de cogobierno, un ensayo de gobierno de coalición, que ojalá sea exitoso y contribuya a crear las condiciones necesarias para avanzar hacia un mayor clima de entendimiento y cooperación que permita sacar al país de la crisis y enrumbarlo por la senda del crecimiento y la prosperidad.

Escuche el análisis completo en el nuevo pódcast de #PedagogíaEconómica

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Van Gogh y el petróleo, por Laureano Márquez P.
En la lucha por la defensa de un planeta sostenible, da la impresión de que las acciones de los “mancha cuadros”, lejos de animar a la gente para la causa, la desanima

 

@laureanomar

Los métodos de lucha son tan importantes como las causas que los inspiran. Por eso, entre otras cosas, condenamos el terrorismo, porque deslegitima las razones que le sirven de basamento y las ideas que promueve. Viene esto a cuento por el método del que algunas organizaciones de defensa del medio ambiente se han servido para llamar la atención sobre el tema: agredir algunas obras de arte famosas como forma de promover su causa.

Pero, ¿qué culpa tiene Van Gogh del cambio climático?, se preguntará el lector. Bueno, no podemos responder que ninguna. El gran pintor holandés, como todo Homo sapiens que ha venido al planeta, contribuyó, como nosotros lo hacemos, a su destrucción. Desde que dejamos de ser bestias y nos convertimos en Homo faber, no hacemos otra cosa que lastimar el planeta de una u otra manera. Es inevitable: para nuestra especie, vivir es contaminar. Otra cosa diferente es que no tomemos acciones para minimizar, tanto como nos sea posible, nuestra acción destructora e incluso revertir daños ocasionados en otros tiempos. Nuestro compromiso con la salud del planeta debe ser serio y sostenido. Debería ser parte de la formación de las nuevas generaciones.

Dicho lo anterior, en la lucha por la defensa de un planeta sostenible, da la impresión de que las acciones de los “mancha cuadros”, lejos de animar a la gente para la causa, la desanima. Tal vez hasta despierte en alguno ganas de producir un derramito petrolero para vengarse. Es cierto que llaman la atención, que salen en las primeras páginas de todos los diarios, pero es cuestionable el afecto que generan sobre la causa que promueven.

Un primer cuestionamiento es que los materiales que usan para protestar, seguramente muchos de ellos, como el pegamento con el que se ayuntan a los marcos de los cuadros, son probablemente derivados del petróleo. Es que resulta muy difícil al ser humano actual la coherencia absoluta. Estar radicalmente en contra del uso del petróleo implicaría, por ejemplo, no usar ningún medio de transporte, ni siquiera los eléctricos, porque también la protección del planeta cuesta un poco de destrucción. Los molinos de energía eólica y las placas solares también deterioran el medio ambiente. ¿Por qué apostamos por ellas? Pues porque producen energía limpia, pero no podemos dejar de lado que necesitamos energía sucia para su fabricación.

¿Qué lograrán al final los protestantes artísticos? Un extraordinario aumento en el consumo de combustibles fósiles. Cientos de camiones transportando cristales de seguridad a los museos, más cámaras con más cables, obreros que vendrán en automóviles a trabajar en la protección de los museos, etc.

Puede que esto también tenga un efecto sobre la manera como se expone el arte. Quizá los museos reemplacen los originales por afiches que puedan ser ensuciados, lavables, de plástico, quizá. Esto sin contar con el efecto de mostración que estas protestas producen sobre múltiples desquiciados dispuestos a cualquier cosa.

Debemos proteger todos los girasoles, también los de Van Gogh, cuya contemplación constituye, para el alma sensible, motivación especial para amar a la naturaleza toda, la humana incluida.

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Momento de ciudadanía, por Armando Martini
En lo que va del siglo XXI, la poderosa e inmensa mayoría ha sido ignorada, estafada por politiqueros e intimidada por intelectuales de pacotilla

 

@ArmandoMartini

Despierta en sectores de la sociedad la necesidad de explorar caminos alternos de participación ciudadana. Posición mayoritaria que se abre paso entre quienes se llaman mutuamente mafiosos, delincuentes e ilegítimos usurpadores. Y cuya consecuencia es que el país cada día funciona menos y está peor. La responsabilidad del castrismo chavista es obvia, pero también la de una oposición fracasada, equivocada y dividida.

Fuimos nación llamativa, por lo bueno. Había políticos ladrones, empresarios cómplices, policías y militares abusadores; una Iglesia sermoneadora, complaciente, preocupada por el crecimiento evangélico más que por fortalecer el espíritu parroquial; había petróleo en abundancia, se advirtió que sembrarlo era lo conveniente, nadie hizo caso. En obras derramaron miserias y esparcieron la convicción falsa de un Estado rico.

Sin embargo, se dejaron arrastrar por el sentimiento más riesgoso para los políticos: creer que el poder es ellos. Y quienes, empezaban a relevar a los padres de la democracia olvidaron que los fundadores, aunque envejecían, nunca borraron de la memoria que el poder llega desde abajo, se entrega al dirigente y este conduce. Los herederos, castrados de principios, moralidad y ética creyeron que la tarea estaba hecha, bastaba con luchar entre ellos, en sus partidos o formando otros. Así, fueron dejando de lado la fuente real generadora de poder: el pueblo, la gente, el ciudadano.

La estafa roja

Como la epidemia, penetró sectores socioeconómicos y generó un archipiélago de creídos que se consideraron conciencia y jueces. Por debajo, el siempre olvidado, ultrajado y burlado ese que llaman pueblo. Fragmentos de bajos recursos, niveles intermedios y el amplío etcétera de la Venezuela del último tercio del siglo XX y lo que va del XXI. Esa poderosa e inmensa mayoría, ignorada, estafada, defraudada, burlada por políticos y politiqueros, intimidada por intelectuales de pacotilla y empresarios cómodos e inescrupulosos.

Y así apareció el chavismo con su patota de embaucadores. Se apropiaron de la injusticia y exclusión para estafar con un mensaje redentor. Estulticias posteriores les dieron la razón, e inocentes emprendieron la búsqueda que el mequetrefe prometía. Dos décadas de espera saturadas de arbitrariedades y violaciones a los derechos humanos, con pocos privilegiados disfrutando, mancillando la dignidad, ofendiendo la esperanza cada vez más amarga. En la otra acera una oposición inmadura y majadera batallando por estúpidas burocracias.

Acobardados, divagando boberías, dieron oportunidad a Maisanta y su fábula de llano adentro. Y, con popularidad impulsada por quienes luego fueron desechados, se presentó el Atila venezolano. Por otro lado, soberbias, mentiras, egos y errores hasta que, pasando por múltiples mutaciones, inventaron la Unidad. El castrismo y sus fraudes los convencieron. Los tiempos habían cambiado y ninguno de ellos, podría ganarle en solitario.

Rendición en México

Con la ruina del castrismo se forjó la oposición ilegítima, adúltera e infiltrada, y un chavismo que tiene control del territorio, pero nada soluciona. Surge de nuevo una enorme y creciente masa silenciosa, incómoda, frustrada y molesta, gracias a torpezas de ambas partes. Pero que no encuentra eco.

Decepcionante misión opositora e insólitas justificaciones; la peor, indecorosa y humillante, la claudicación mexicana. Mientras la evidencia gráfica deja constancia histórica de la rendición, sumisión de los siempre fracasados entregándose a los caprichos de quienes están denunciados ante la Corte Penal Internacional de La Haya por crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos. Y, para atenuar compromisos y futuras controversias, ya comienzan la narrativa de coartadas.

La gran mayoría quiere legitimar la nueva conducción política. Pensar lo contrario, es engañarse. Los que están perdieron la confianza, credibilidad de simpatizantes y amigos. El ciudadano exige cambio, modificación de conductas políticas, sociales y económicas; decir la verdad y rendir cuenta como principio y obligación, conectar con las carencias ciudadanas; no obstante, es desoída con desplante, ni siquiera por educación y cortesía es tomada en cuenta. Por eso, niegan la legitimación.

En un país controlado por la delincuencia polarizada, ellos tienen ventaja. Es momento de concretar vías alternas de participación e intervención ciudadana. Aunque ambos bandos, se opongan y la desestimen burlándose. Pero, se impondrá la mayoría, regla de oro en democracia. Ardua tarea, pero no imposible.

Conocidos por lo malo cada vez peor, de instituciones duplicadas e inservibles, nación de angustia, gente desesperada que huye en busca de remotas posibilidades. El régimen sigue mordiendo duro y, como el rico Epulón, deja caer migajas en la desunión acomodaticia y, peor, reniega del gentilicio venezolano.

La dirigencia debería tener por lo que hizo con sí misma esa desazón que tiene el creador cuando da un paso atrás, observa su obra, mira y ve una porquería.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Crímenes sin Castigo | Populismo punitivo, por Javier Ignacio Mayorca
En un intento por ganar aplausos, el fiscal designado por la extinta ANC planteó aumentar al máximo las penas para los culpables de abuso sexual a menores de edad. ¿Es esa la solución?

 

@javiermayorca

El 24 de noviembre, el fiscal designado por la extinta Asamblea Constituyente, Tarek William Saab, planteó una reforma legal a la que, en principio, parece difícil oponerse: incrementar hasta el máximo posible las penas para los culpables de abuso sexual contra niños y adolescentes.

Saab lanzó esta propuesta en la solemnidad de los actos por el aniversario de la institución, que él encabeza gracias a las carambolas que da la política venezolana. Es evidente el esfuerzo por ganar voluntades a su causa, y de paso hacer que se olvide su cuestionado origen. En esta oportunidad, aprovechando el estupor ocasionado en el país por la divulgación de un video, en el que un niño aparece sometido por un grupo de mujeres mayores, que no escuchaban su llanto y lo mantenían apisonado entre sus piernas.

Este grotesco episodio levantó sensibilidades en la opinión pública, que no pasaron inadvertidas por Saab. El funcionario, incluso, se permitió sugerir la posibilidad de establecer penas aun más prolongadas para casos como este, que rebasarían las tres décadas tras las rejas.

Un sector de la población, ávido de justicia, probablemente aplaudiría una reforma a la carta magna, para instituir la cadena perpetua e incluso la pena capital. Algo que sería necesario, de acogerse plenamente la iniciativa de Saab.

Esta discusión, por cierto, se plantea de forma cíclica, cuando nos enteramos de episodios como el del referido infante, en una vivienda de Barquisimeto.

Debido a la imposibilidad de ofrecer al país soluciones creativas y efectivas, el oficialismo ha caído repetidamente en la tentación de reformar leyes para implantar penas de prisión más prolongadas, en algunas oportunidades, y en otras elaborar textos para transformar en delitos conductas que anteriormente eran simples faltas.

Los ejemplos abundan. En el año 2000 entró en vigencia una ley especial sobre el robo y el hurto de vehículos, que fijaba penas de hasta dieciséis años de prisión para quienes acudieran a la violencia para apropiarse de autos, motos o camiones. Anteriormente, se aplicaba lo dispuesto en el viejo Código Penal. De manera que la sanción máxima posible se incrementó en 100 %.

Pero el robo y el hurto de vehículos no disminuyó. Por el contrario, se mantuvo en ascenso casi constante durante los catorce años siguientes. Los individuos dedicados a esta actividad tampoco se enteraron de que, a partir de 2005, tendrían lapsos de prisión todavía más largos, si se determinaba que formaban parte de una organización criminal. Solo la dramática merma del parque automotor, producto del derrumbe económico nacional, mitigó las cifras de vehículos apropiados por el hampa.

Otro ejemplo es el de las armas de fuego. Hasta hace poco tiempo, Venezuela figuró entre los tres países con las tasas de homicidios más elevadas del planeta. Esto sucedía en parte gracias al uso intensivo de revólveres, pistolas, escopetas, fusiles y granadas. Todo que sirviera para matar de forma rápida llegaba (y llega) sin problemas a las manos de los delincuentes, a pesar de que durante los últimos veintidós años hemos tenido tres legislaciones especiales en materia de armas y municiones.

Según el criminólogo Freddy Crespo, esta práctica de instituir delitos e implantar penas de prisión cada vez más rigurosas se conoce como “populismo punitivo”. Se fundamenta en una noción equivocada: que el establecimiento de sanciones privativas de libertad cada vez más duras servirán como disuasivo para los delincuentes.

“Hay pruebas empíricas que demuestran que el incremento de las penas no mitiga la motivación para delinquir. Por el contrario, puede incrementarla”, advirtió el docente, que en 2015 presentó un estudio sobre esta materia, titulado Privación de libertad y sociología del medio carcelario en Venezuela.

La propuesta de Saab sugiere una reforma parcial a la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente (Lopnna), donde el abuso sexual contra personas de este segmento de población tiene penas que van hasta ocho años de prisión, y que se incrementan hasta los veinte años de presentarse circunstancias agravantes.

Esta ley, vigente desde 2007, fue descrita en su momento como un “desarrollo” de disposiciones que anteriormente también estaban en el Código Penal, y que preveían sanciones hasta los diez años de prisión.

Aun así, los abusos sexuales también se han incrementado. De acuerdo con cifras conocidas extraoficialmente, en los primeros nueve meses de este año fueron iniciadas 1199 averiguaciones por delitos de esta índole, contra niños y adolescentes. Esto representa un alza de 69 % con respecto al año anterior, cuando la población apenas salía de las cuarentenas por el covid-19.

Según fuentes policiales, uno de los aspectos más llamativos de los abusos sexuales en el país tiene que ver con los victimarios. Por regla general, los expertos indican que en los casos de menores de edad los abusos generalmente son cometidos por personas del círculo familiar. Pero en el país solo el 25 % entra en esta categoría. La gran mayoría de los perpetradores tuvo un contacto previo con sus víctimas, que los investigadores describen como “casual”, pero no están ligados a ellas por nexos de consanguinidad. Por otra parte, en un país caracterizado por la impunidad, no es excepción que en más de la mitad de los abusos sexuales no se logre la identificación plena de los agresores.

Crespo sostuvo que el mejor antídoto contra este tipo de delitos no radica en colocar a los victimarios tras las rejas hasta el fin de los tiempos.

La alternativa del Estado es trabajar en la escuela, con mucha educación sexual. Algo que nunca ha existido. Este tipo de delitos se ha normalizado (…) Hay que educar y culturizar en muchos aspectos. La función del Estado tiene que estar concentrada allí, con un tratamiento particular y con profesionales capacitados para detectar situaciones”, indicó.

Añadió que las víctimas de abuso muestran señales específicas, detectables en el ámbito escolar.

“Que un maestro a veces no lo detecte no es porque tiene muchos niños. Es que no tiene la capacitación, o que ve todo esto como algo normal”, afirmó.

Breves

  • La Policía Nacional inició el reclutamiento de funcionarios jubilados o retirados en forma prematura, como parte de un proceso destinado a incrementar su pie de fuerza. Los aspirantes pueden haber laborado en ese mismo cuerpo, o en policías estatales o municipales. Con esta decisión, se pretende contrarrestar el efecto de las bajas masivas que, según cálculos internos, han mermado en 30 % el contingente de la PNB. Desde luego, está presente el riesgo de que reingresen sujetos expulsados por corruptelas o uso indebido y desproporcionado de la fuerza. De allí que soliciten la consignación de una carta de buena conducta y antecedentes limpios, como requisito indispensable para el reingreso. Pero la experiencia reciente indica que estos documentos son falsificables, o que incluso pueden ser gestionados a cambio de unos pocos dólares. La carencia de efectivos ha obligado a la PNB a disminuir o cesar momentáneamente algunos de sus servicios, como los del Metro de Caracas y las vías expresas.
  • El tribunal de La Haya rechazó el recurso intentado por una mujer bisexual venezolana, a la que le negaron el asilo en el Reino de los Países Bajos. El juzgado avaló la decisión gubernamental, al considerar que los argumentos de la solicitante eran “creíbles, pero insuficientemente importantes”. Ella sostuvo que en Venezuela “las personas LGBTI sufren violencia, están prohibidas en ciertas áreas públicas, como centros comerciales y parques, y son discriminadas en ciertos sectores y también en la distribución de alimentos”. Nuevamente, en el juicio surgieron las informaciones en torno a los grupos armados que respaldan al régimen: “La militarización de la seguridad civil y la participación de colectivos armados en labores de seguridad ha incrementado la violencia y contribuye a un aumento constante de ejecuciones extrajudiciales. (…) los colectivos habitualmente cometen actos de violencia contra los civiles, en particular durante las protestas antigubernamentales. Intentan, con el apoyo del gobierno, intimidar a los votantes”. Igualmente, indicó la demandante, estas organizaciones han participado en “tomas ilegales de viviendas y establecimientos comerciales durante la pandemia”. Uno de los aspectos a discutir en este caso es si la mujer será devuelta a Venezuela o enviada a un tercer país.

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