La historia del ex preso político Adolfredo Catarí, un reflejo de la Venezuela actual: Atacada, pero resiliente

Hoy rescata las amistades de personas increíbles que conoció en el centro penitenciario, pero sobre todo el valor de darle un beso a su mamá en las mañanas y en las noches
Adolfredo Catarí

Lo recuerda todo con lujo de detalles. Los 16 meses que estuvo tras las rejas por ejercer un voto de conciencia y por querer un cambio para su país, a Adolfredo Josué Catarí Bolívar le dejaron varias enseñanzas. El valor de abrazar a su mamá, hermanos y abuelas, de entender que no hay que dar nada por sentado y la decisión de estar más cerca de Dios son principios que este joven, de 21 años, cultiva y defiende como un verdadero aprendizaje surgido de horas de oscuridad, temor y torturas.

La suya es una narración que va de principio a fin sin saltar detalles, con horas y fechas de eventos trascendentales ocurridos tras las rejas de la Dirección General de Contrainteligencia Militar en Puerto Cabello y luego en la Policía Nacional Bolivariana en la vía a Los Guayos. También en el Centro Penitenciario Hombre Nuevo; el  Internado Judicial de Carabobo, bajo el control del Servicio de Sistema de Máxima Seguridad (Sesma); y la cárcel de Tocorón, en el estado Aragua. Fue detenido el 3 de agosto de 2024 y liberado el 31 de diciembre de 2025.

Luché mi derecho

Así comienza su relato: "Mi nombre es Adolfredo Catarí, tengo 21 años de edad, yo vivo en Puerto Cabello y como todo joven hoy en día que quiere un cambio para su país, que quiere una mejor vida, ejercí mi derecho al voto, luché mi derecho al voto por medio de redes, por medio de manifestaciones pacíficas"

El trabajaba en un organismo público, era funcionario ambiental. Asegura que allí conocían su tendencia política. "En esa institución sabían que yo ejercí mi derecho al voto de acuerdo con mi parecer, mi visión y mi ideología. Se enteraron de que voté por Edmundo González Urrutia y no les pareció. Me montaron una trampa".

La trampa llegó cuando le ordenaron acudir a firmar un traslado, pero lo que encontró fue una camioneta negra, con hombres no identificados, que lo detuvieron y le exigieron el teléfono. Lo había dejado en su casa y hasta allá fueron a parar los desconocidos, que luego se supo que eran funcionarios de la Dgcim Puerto Cabelllo. Destrozaron todo, pero dieron con el aparato, que revisaron exhaustivamente: Grupos, contactos, fotos y después llegaron más golpes y las amenazas: "Te vas a pudrir en la cárcel, te arruinaste la vida".

De la Dgcim en Puerto Cabello lo llevaron, 20 días después, hasta la PNB en la vía a Los Guayos. Lo recibieron con un uniforme de recluso color amarillo y salió, al día siguiente, con uno azul. El destino era Hombre Nuevo, el Fénix Carabobo, donde les dieron una comida espantosa. Ese día, y los dos siguientes, no comió por temor a una amibiasis. "La carne estaba cruda, verde, las arepas las llevaban en una cesta de verduras que arrastraban por el piso, te las daban en las manos y encima le ponían la carne, que venía en un tobo muy sucio".

Aún recuerda el camino que hicieron funcionarios vestidos de negro y fuertemente armados, para montar a los detenidos en unos autobuses que los llevarían al Sesma, unos metros más adelante. "Parecía que éramos la peor plaga terrorista del mundo".

En la cancha multiusos del Sesma formaron a los cerca de 550 presos políticos. Los sentaron con las piernas cruzadas, los brazos esposados en la espalda y la cabeza entre las piernas. Así los tuvieron desde las 6:00 de la mañana hasta pasadas las 2:00 de la tarde, a pleno sol, sin comer ni beber agua. "No les demostré, pero sí lloré. Me sentía muy humillado, me sentía intranquilo, la incertidumbre, el miedo, el hambre, la sed, los mareos, los dolores de cabeza, todo era horrible."

En las pequeñas celdas, de 2 x 2, donde lo recluyeron junto a un compañero, pudo tomar agua del chorro. "Fue como si hubiese visto a Dios".

La comida ese día fue pasta con carne molida y queso, un menú que se repitió cada día. "De repente empezamos a ver en la carne pelos, uñas, cartílagos, dientes de animales. A veces llegaba cruda, al igual que la pasta y el arroz, si es que llegaban". Luego empezaron a darles granos, la mayoría de las veces sancochados sin ningún tipo de aliños. Era el menú del desayuno, almuerzo y cena. Muchos de sus compañeros preferían los granos porque la carne era verde y hedionda, pero empezaron a presentarse problemas gastrointestinales en la población penitenciaria".

En el Sesma también se acabó el agua, empezó a salir como un barro de las tuberías y hubo protestas. Finalmente empezaron a darles agua potable

Las visitas en Tocuyito

La primera visita en el Sesma ocurrió el 2 de octubre de 2024, coincidencialmente el día del cumpleaños de su mamá, pero no pudo abrazarla. No estaba permitido. Cuando los familiares se fueron quedó un enorme vacío. Adolfredo recuerda que cada quien andaba en su mundo. El se acostó, no pudo comer, se puso muy mal.

En la segunda visita ya le permitieron tocar a su mamá y en la tercera comenzó a contarle cosas, pero sin ir al detalle, para que ella no se pusiera mal.

A mi me guindaron

Adolfredo no sabe a cuántos de sus compañeros torturaron en el Sesma. A él lo guindaron de la reja, con las esposas , y los pies de puntillas. "Tenías que subirte a las rejas para poder descansar los brazos y los pies".

Para otros el castigo era más fuerte. En un cuarto tenían un tubo alto y de allí los colgaban, por las esposas, y los dejaban entre 12 y 24 horas, sin agua ni comida. Por fortuna, a Adolfredo no le aplicaron esta técnica de tortura.

A la celda del pastor

Un día, entre 9:00 y 11:00 de la mañana se escuchó un grito, que terminó siendo del compañero de celda de un pastor que se suicidó. En principio les dijeron que Jesús Rafael Álvarez estaba recuperándose en el hospital, pero unos compañeros vieron cuando sacaban el cuerpo.

Días después hicieron unos cambios que implicaron poner a tres presos por celda. A Adolfredo le correspondió la C-19, donde el pastor había decidido quitarse la vida. En una pared vio un dibujo de la esposa de Alvarez, otros dos personajes y una frase que decía: "Gracias por arruinarme la vida". Al final del texto estaba la imagen del hombre ahorcado.

El detenido que compartía celda con Álvarez nunca pudo superar el trauma. Les contó que él se despertó y lo vio sentado en la cama, se durmió y al despertar nuevamente ya se había colgado. Incluso dos meses después, cuando los trasladaron a la cárcel de Tocorón, seguía recreando la imagen que vio ese día de diciembre de 2024

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En Tocuyito hubo varios intentos de suicidio. De atenderlos se ocupaba un médico y profesor universitario Leonel Salas, a quien Adolfredo recuerda como un ángel que salvó muchas vidas. "El los recibía, los estabilizaba, si no tenían medicinas ayudaba a buscarlas. Él estaba muy pendiente de nosotros, nunca nos abandonó".

Para Tocorón

El 10 de febrero de 2025 los mudaron a Tocorón. Adolfredo lo recuerda muy bien, al igual que la cifra de detenidos: 78. Días antes los custodios comenzaron a anunciarles sorpresas, buenas noticias. Algunos llegaron a decirles que les quedaban 15 días y que saldrían en libertad. Era mentira.

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El domingo 9 de febrero los mantuvieron en la cancha, incluso comieron allí. Al subir a las celdas encontraron todo regado. Habían hecho una requisa. Los reclusos arreglaron todo y se acostaron a dormir. Al día siguiente una autoridad les ordenó recoger sus pertenencias pues serían trasladados.

En Tocorón el joven estuvo hasta el 31 de diciembre de 2025, cuando salió en libertad. Durante todo ese tiempo decidió mantenerse de bajo perfil.

El valor de besar a mi mamá

Al hacer una retrospectiva de su vida durante esos 16 meses, este joven rescata lo aprendido y su cercanía a Dios. "Yo creo que más que una mala experiencia, fue una enseñanza. El control de las emociones, de los impulsos. El valor que uno le tiene que dar a las cosas, a la familia".

Él veía las aves volando y le pedía a Dios ser una de ellas, para ser libre. A pesar de toda la oscuridad, de todo lo malo, él se acercó mucho a Dios. Veía señales de su presencia en hechos cotidianos, como el día que unos canarios entraron en la celda .

Hoy rescata la amistad de personas increíbles que conoció en el centro penitenciario, pero sobre todo el valor de darle un beso a su mamá en las mañanas y en las noches, el valor de tener a sus hermanos y sus abuelas

Con mucha claridad, recuerda el día en que le dieron la noticia de su libertad, el 31 de diciembre de 2025. "Yo sentí como que me regresaran la luz a la vida, sentí que me abrazaron, que me dijeron te escuché. Se acabó, esto pasó".

En su casa, la primera noche de libertad, el 1 de enero de 2026, Adolfredo no podía dormir. Temía despertarse y ver que todo había sido un sueño. "Al yo ver a mi mamá la mañana del 2 de enero, el alma regresó a mi cuerpo. Me dije: tengo que vivir lo que me resta de vida con amor y con lucha. Luchar por lo que no he logrado, más que por mis metas y objetivos, por mi país."

¿Seguirás luchando por tu país?

Si, si.

¿No tienes miedo?

-Sinceramente si, pero lo peor que pude pasar, a mi edad, ya lo pasé

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