El edificio de la Fundación Sociedad Anticancerosa del Estado Carabobo fue construido entre 1975 y 1980, diseñado por quien esto escribe, arquitecto de profesión. Contenía las oficinas de gestión y administración, así como consultorios, laboratorios y demás salas para el diagnóstico y tratamiento del cáncer. La atención de los pacientes era gratuita y el servicio estaba garantizado por las contribuciones del Estado, la industria y el comercio de la ciudad de Valencia, en aquel entonces de más de un millón de habitantes.
La Zona Industrial, sede de grandes empresas manufactureras, donde desde la década de los años 60 se instalaron numerosos complejos de plantas para la producción o ensamblaje de vehículos, neumáticos y repuestos; así como alimentos para humanos y animales, laboratorios para la producción de medicinas y bebidas, equipos eléctricos, muebles y muchas otras industrias, que ocupa 1600 hectáreas, y hoy es, debido a las políticas de los regímenes que han gobernado el país, un cementerio de salones vacíos, donde solo hay guardias de seguridad que protegen de invasiones y vándalos los edificios abandonados.
Fueron estas empresas, y otras existentes a lo largo y ancho del territorio carabobeño, las que apoyaron su funcionamiento, así como aquellas nacidas para ofrecerles servicios y apoyo logístico. Y fueron aquellas empresas las que también colaboraron para llevar a cabo la construcción del edificio de la Sociedad Anticancerosa, construida en un terreno situado en la Calle Navas Spinola, donde otrora había un tanque de reserva de agua de la ciudad, espacio que fue aprovechado para estacionamiento.
Las empresas continuaron con su apoyo, y también otras instituciones y personas; venía de todos lados: en su visita a Valencia para el diseño del mural en la Plaza de Toros, el artista Carlos Cruz Diez nos dejó un boceto para un mural para la fachada del edificio, que nunca se realizó. Con la debacle económica del “Socialismo del Siglo XXI”, las industrias debieron marcharse del país con su equipo gerencial y su personal calificado, al igual que muchos otros benefactores comerciales y privados, dejando a la institución benéfica sin el apoyo que hasta entonces le aportaban.
Así se quedó la Sociedad Anticancerosa de Valencia sin los recursos que por tanto tiempo la mantenían, y fue abandonada por la Junta Directiva que sucedió a la que presidía el recordado ejecutivo bancario Francisco Viera, dejando hasta los archivos médicos de los pacientes que por allí pasaron. Hoy es el inmueble un cascarón abandonado y en ruinas.
Deteriorado, desmontado y destruido por la implacable acción de vándalos y ladrones, que cargaron con puertas, equipos médicos, lámparas, muebles, útiles de aseo y todo lo que pudieron llevarse consigo, hoy solo se conservan la construcción de hormigón y los muros, imposibles de demoler y cargar sin equipos pesados, y la rejas que no pudieron evitar el asalto. Todavía figura en su fachada, esperando por una recuperación del edificio que no parece interesar a nadie, el emblema de la institución.
Y como colofón de todos los males, la máquina de anestesia que suministraba en el Hospital Oncológico de Bárbula los gases para los quirófanos se dañó hace tiempo; el gobernador compró una para sustituir a la dañada, pero parece no ser la adecuada. O sea: las intervenciones quirúrgicas están suspendidas en ese hospital, por falta de anestesia.Parece que el cáncer campeará a sus anchas en la región por un tiempo en el Estado Carabobo...









