Libertad, libertades

Solo en libertad podremos avanzar de verdad. Hay riesgos, claro, y como es sabido, son preferibles a una esclavitud tranquila

Solo el derecho a la vida está por encima del derecho humano a la libertad. Es de elemental dignidad humana que la persona actúe según su conciencia y libre elección, nunca por presión, sea de un “ciego impulso interior”, porque la libertad es responsable, o de la “mera coacción externa”, ya lo advertía hace sesenta años Gaudium et Spes. Libertad, decía Mill, es posibilidad de elegir, de decidir qué hacer. José Martí, ese poeta y patriota que nos es tan cercano la define como el derecho que cada uno de nosotros tiene a “ser honrado y a pensar y hablar sin hipocresía”. 

Presentó en estos días en Caracas Rafael Chavero, jurista y autor venezolano que hay que leer, su nuevo libro Odio, Pánico y Censura, apadrinado por Alberto Arteaga Sánchez. Su vínculo con nuestro tema es íntimo, inseparable.  Ser “libre del miedo” proclamó Roosevelt. Aquí y en cualquier parte, el miedo es una terrible forma de esclavitud porque la coerción sojuzga la mente y la voluntad. 

En el actual tránsito nacional los meandros de la política y las trabas de la antipolítica del poder o ajena a él, los cambios cuya necesidad es admitida incluso por los que mandan, pueden demorarse más o menos, según el cable a tocarse, lo que hace más importante cada avance en el clima de libertad que permita ventilar los problemas reales. El país precisa de su libertad para libremente empezar a construir todo lo que le hace falta. Su libertad que es “derecho irrenunciable” y “valor superior de su ordenamiento jurídico” respectivamente según los artículos 1 y 2 de la Constitución. Esa libertad no es enunciado vacío, tiene contenidos que son su significado. Somos libres dice la Constitución y escucho decir a voceros del poder, pero ¿Qué significa ser libres?

La libertad personal es inviolable y de allí vienen todas las previsiones para el debido proceso, tan aporreado entre nosotros. Libertad de tránsito, libertad de educación y de cultura, libertad de asociación con fines lícitos que es política, sindical, gremial o civil, sustento de la libertad de participación social en la comunidad o en algún grupo de interés, participación política desde el voto hasta la militancia partidista y la candidatura a cargos de elección. También participación económica, sea como trabajador o como empresario. Libertad de pensamiento y de creencias. La libertad es el mundo de lo inteligible. Libertad de pensamiento que no es muda, pide hablar y allí es donde se encuentra con los derechos a estar informado y a informar. Es una libertad de todas las personas, también los comunicadores y por supuesto los medios, públicos, privados o redes. La libertad de expresión distingue a los humanos de cualquier otro grupo de la creación. Los animales reaccionan por instinto y las plantas por percepción sensorial, comunicación química o respuestas adaptativas, pero los seres humanos pensamos y nos expresamos.

Venezuela hoy, en esta situación inédita a veces incomprensible, va encontrando esperanzada su camino. Sabe que atrás no puede, ni quiere, ni debe volver, también sabe a dónde quiere ir, pero su presente es de incertidumbre y duda de modos y oportunidades. Ahí es donde las libertades, en particular la libertad de expresión, nos ayudan a discernir entre opciones, ponderarlas, contrastarlas abiertamente y decidir.  

Esas libertades son la libertad y solo en libertad podremos avanzar de verdad. Hay riesgos, claro, y como es sabido, son preferibles a una esclavitud tranquila. 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Libertad, libertades

Ramón Guillermo Aveledo
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