Paciencia + humildad = esperanza

No se trata de una fórmula poética para adornar el desánimo. Es, en esencia, una hoja de ruta política y ciudadana.


Luego de caer lo nazi, surgió una pregunta que
aterrorizó al mundo: ¿cómo personas comunes
cumplieron órdenes tan inhumanas? La respuesta:
“Yo sólo seguía órdenes”. Esta realidad hace necesario
entender y aplicar lo que permite la neurociencia.

Édgar A. Arenas P.

 Se vive en la era de la gratificación instantánea. Se quiere que el café esté listo en treinta segundos, que el paquete llegue hoy y que los problemas estructurales de una nación se resuelvan con un clic o un giro de timón imprevisto.

Sin embargo, la realidad venezolana -mezcla compleja de anhelos democráticos, bolsillos exhaustos y una fe que a ratos parece sostenerse con hilos de telaraña- no entiende de microondas (donde casi todo se cocina en un instante).

Para transitar el camino hacia la recuperación de la REPÚBLICA (la cosa pública, la cosa del pueblo, la comunidad, la empresa común de los ciudadanos, fundamentada en la independencia de los poderes y dirigida por ellos para la consecución del bien común), se necesita despejar una ecuación fundamental, casi matemática  y que rige los cambios históricos (realmente resultante de la sapiencia, las habilidades y las destrezas adquiridas desde la neurociencia): paciencia + humildad = esperanza.

No se trata de una fórmula poética para adornar el desánimo. Es, en esencia, una hoja de ruta política y ciudadana.

La paciencia no es pasividad

A menudo, se confunde la paciencia con la resignación. En el contexto de la transición pacífica que Venezuela reclama, la paciencia es ¡resistencia estratégica! Es entender que el desmantelamiento institucional y la erosión del tejido social no ocurrieron de la noche a la mañana, y su reconstrucción tampoco lo hará.

La ansiedad es el peor enemigo de la estrategia. Cuando la ciudadanía exige resultados inmediatos en un escenario de poderes secuestrados, la frustración se convierte en el combustible de la antipolítica. La paciencia, en cambio, permite ver el tablero completo: entender que la independencia de los poderes públicos -el TSJ, el CNE, la Fiscalía- no se logra sólo con un nombramiento, sino con la edificación de una cultura de respeto a la norma que hoy no existe. Ser pacientes es saber esperar el momento del quiebre institucional sin abandonar la presión, pero también sin sucumbir al desespero que conduce a errores de cálculo.

La humildad frente al mesianismo

Si algo ha enseñado la historia reciente venezolana es que los "salvadores" (diletantes: que carecen de todo lo necesario para liderar) suelen ser el prólogo de nuevas tragedias. Aquí entra el segundo factor de la ecuación: la humildad. Esta virtud debe aplicarse en dos vías.

Primero, desde la dirigencia: es hora de reconocer que nadie tiene la verdad absoluta ni la fuerza suficiente para avanzar en solitario. La humildad política significa sentarse a la mesa con el que piensa distinto, no para claudicar, sino para construir ese andamiaje republicano donde todos tengan un puesto reservado. El restablecimiento de la REPÚBLICA basado en los postulados de la independencia de poderes requiere, irónicamente, de un poder que se reconozca limitado.

Segundo, desde la ciudadanía: se debe tener la humildad de aceptar que el camino será arduo y que la "Venezuela de antes" no volverá, porque lo que se necesita es una Venezuela nueva, con contrapesos reales. La humildad nos permite aprender de los errores del pasado para no repetir los mismos vicios bajo diferentes colores.

La REPÚBLICA: el destino

El resultado de sumar esa paciencia estratégica y esa humildad colaborativa es la única esperanza real a permitirnos. No la esperanza vacía del que desea que "algo pase", sino la esperanza del que está convencido de que está construyendo algo sólido.

La reconstrucción de la INDEPENDENCIA DE LOS PODERES PÚBLICOS es el corazón de tal transición. Que se acabe con aquello de “Yo sólo seguía órdenes”. Sin un Poder Judicial que no reciba órdenes telefónicas, sin un arbitraje electoral técnico y transparente, y sin un Legislativo que legisle y fiscalice en lugar de aplaudir como focas, cualquier cambio será puramente cosmético. La esperanza democrática nace cuando el ciudadano común empieza a confiar, no en el carisma de un líder, sino en la majestad de la Constitución, de la ley, de los reglamentos y de las normas.

El comportamiento acorde al momento

¿Cuál debería ser el estilo actitudinal? Con la serenidad del que sabe que tiene la razón histórica. La crisis económica golpea a diario y la realidad social es una herida sangrante; ante eso, la respuesta no puede ser el caos, sino la organización.

En lo social: solidaridad y reconstrucción de la confianza vecinal. En lo político: exigencia de unidad y coherencia a los liderazgos comprobados, rechazando el cortoplacismo. En lo económico: resiliencia y visión de futuro, entendiendo que la estabilidad sólo vendrá con seguridad jurídica.

Venezuela está en un proceso de parto institucional. Y como todo parto, requiere tiempo, esfuerzo y una consciencia plena de que lo que viene después vale cada segundo de espera. Si se logra combinar la templanza para aguantar los embates del presente con la humildad para reconocer nuestras falencias (engaños y carencias), la esperanza dejará de ser un eslogan para convertirse en el cimiento de una nación libre.

La REPÚBLICA no se nos va a regalar; se hereda por el simple hecho de haber sido lo suficientemente sabios para no destruir en el intento de rehacerla. Esto debe ejecutarse ¡hasta el final..!

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Paciencia + humildad = esperanza

Chichí Páez
Chichí Páez
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