Si una característica de la realidad venezolana se mantuvo constante en el año 2025 -aparte del fraudulento gobierno de Nicolás Maduro, actualmente bajo presión por el despliegue militar estadounidense en el Caribe y el bloqueo a los tanqueros de la flota fantasma-, esa fue la del expolio de los recursos del país por parte de viejos y nuevos nombres de la nomenklatura chavista, como por otros actores irregulares.
Este año que termina, los reportajes más leídos en Armando.info reflejaron el interés del público en conocer cómo, desde el oro hasta el atún, pasando por especies exóticas o los flujos turísticos, las actividades que generan ingresos en divisas se siguen reservando para un elenco de allegados al régimen, como el hoy ministro Alex Saab o los hermanos Carretero Napolitano de Panamá.
A ellos se unieron este año jóvenes empresarios como los Rabbat Sabe del estado Aragua, cuyas cada vez más amplias actividades comerciales incluyeron la importación desde Brasil de un sucedáneo de la leche en polvo que las autoridades del vecino país habían declarado como no aptas para el consumo humano. También la nueva gobernadora del estado Bolívar, Yulisbeth García, La Tata, dejó su impronta en el comercio ilegal de oro venezolano mientras fue alcaldesa de la población de Upata. Un grupo de militares de la Aviación Militar Bolivariana también ingresó, de forma muy puntual, en el círculo de contratistas del Estado y, además de volar F-16, se aprestaron para comercializar medicamentos y hasta vender semillas de arroz.
No quedó por fuera la curiosa historia de una carta olvidada en la cancillería venezolana que reveló las detenciones por narcotráfico, en Líbano, de varios sujetos con pasaporte venezolano que estaban involucrados en casos de narcotráfico y aseguraron a las autoridades libaneses que el producto de sus actividades ilícitas se destinaban al grupo extremista chií Hezbolá.