El bigote del bien

Dios nos envía un mensajero plenipotenciario, San José Gregorio Hernández, el bigote del bien, para que se estrene como Santo con el maravilloso milagro de hacer resplandecer la democracia, la libertad, la prosperidad en Venezuela, su país.

Como en el cine, un grupo de malvados urdió y adelantó una conspiración para asaltar, apoderarse, de nuestra Nación. Para tal propósito alegó  promesas incumplidas, falencias, errores de actores cuestionados de nuestra   democracia, pero simultáneamente valiéndose de  mecanismos democráticos consolidados, como los  procesos  democráticos de elección nacional, para desde allí  desarticular nuestra institucionalidad, liquidar la libertad.

Astutamente y con los  cuantiosos recursos del país, desplegaron una cultura  de control social autoritario, destrucción material y moral, manipulación humana e implantación del     terror, envolvente como una interminable noche sobre la noble nación.

Más allá de los cientos de presos políticos, crímenes de lesa humanidad, denunciados por ONU, OEA, Ongs,   la larga mano del mal que nos ahoga, ha sido detectada en  escándalos de otras latitudes, tráficos dañinos a la salud, corrupción, lavado financiero, financiamiento de  candidaturas nacionales en procesos electorales, oscuro mercadeo de petróleo, oro, coltan, de minerales peligrosos para la paz, asesinatos políticos como el  ocurrido en Chile, siembra internacional de bandas delictivas con propósito político, intromisión en procesos de EE.UU., Europa, Oriente Medio, África, etc.

El mundo ha comenzado a comprender la dimensión  del horror que sufre nuestro país, del mal expedido por el bigote súper, del mal, un mal inédito, sustantivo, el cual desborda el bien como valor ético y espiritual, moral, no solo para Venezuela sino para la especie humana, tal como lo fue el Nacional-Socialismo de Adolfo Hitler, amplificados hoy por cuantiosos recursos  económicos y tecnológicos.

El mundo también ha comenzado a valorar  las fuerzas del bien, del espíritu, de la fe, encendidas por los venezolanos en su lucha , liderados por María Corina Machado y Edmundo González, presidente electo. El Premio Nobel de la Paz, a María Corina, es  el reconocimiento a ese epopéyico esfuerzo, una transición pacífica, a la paz, la libertad, la democracia, que ella encarna.

Pero como "Dios no abandona a sus hijos", como diría un venezolano desde lo más profundo de su corazón y picardía, nos envía un mensajero plenipotenciario San José Gregorio Hernández, el bigote del bien, para que se estrene como Santo con el maravilloso milagro de hacer resplandecer la democracia, la libertad, la prosperidad en Venezuela, su país.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El bigote del bien

Luis Enrique Vizcaya
Luis Enrique Vizcaya
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