En legítima defensa

La universidad ha vivido un proceso de desnaturalización, al extremo que muchos de sus integrantes desconocen su histórico orígen

Alguien me dice que no tiene sentido escribir. Agrega, que "los que menos leen son los universitarios, gente del sector educativo" y alega que en grupos de WhatsApp los comentarios no exceden de tres. Le argumento que quizás leen pero no comentan, por miedo a exponerse políticamente. Las pocas intervenciones solo abordan el tema salarial. Preocupa el  silencio de las  víctimas predilectas del gobierno autoritario.

Una cadena nacional de TV muestra a la máxima autoridad rectoral de nuestra casa de estudios, en apasionada alocución a favor de la preservación del gobierno que más daño ha infringido a la universidad desde su fundación, reducido su presupuesto en un 97%, aplastado las condiciones de vida de decenas de miles de sus profesores, empleados, obreros, jubilados, arrojándolos a un apartheid de miseria y extinción. Ha permitido el saqueo, la destrucción, de su planta física, laboratorios, servicios, patrimonio artístico, que se persiga y aprisione a dirigentes estudiantiles, profesores, empleados.

El apuñalamiento ha sido en el mero centro de la autoestima universitaria y su tradición histórica de lucha libertaria. Golpea la dignidad y vitalidad moral de su comunidad, empaña su legado de pensamiento político democrático, arriesga su caudal cultural y científico.

La universidad ha vivido un proceso de desnaturalización, al extremo que muchos de sus integrantes desconocen su histórico orígen. Platón creó la academia, nombre originado en agradecimiento a su amigo Academus, quien facilitó su gimnasio para que allí funcionara, con el propósito de educar allí a los líderes de Grecia, una sociedad eminentemente política.

Hoy la universidad es asumida solo como centro de profesionalización o centro laboral, como si de una fábrica manufacturera se tratara, otros de visión instrumental la asocian a un centro solo científico de alta tecnología, la tal "academia", una especie de Centro tecnológico-científico superior. Muchos ya no pronuncian su nombre "Universidad", sino Academia, creen que eso los eleva y purifica frente a su histórico propósito político, de formar hombres sabios, virtuosos, educados políticamente para dirigir la nación, claros en la política, la democracia, la libertad, el estado, la pulcritud, la sabiduría cultural y científica.

Aún cuando la Universidad es una realidad compleja, donde transitan intereses, aspiraciones, proyectos sociales, grupales individuales, ofrece una percepción institucional, moral, que respetar y hacer respetar como partes de su alma, responsables históricos ante el país. Es lo que hago valer, defenderla, preservarla, frente a lo que niegue la democracia, la libertad, la dignidad humana, los derechos humanos, su caudal cultural y científico.

Es un momento oportuno para abrir un debate sobre el papel político, social de la Universidad. El cambio está en movimiento, la Universidad será la luz del túnel para ir eficientemente al encuentro de la democracia, la libertad, prosperidad y oportunidades para todos.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

En legítima defensa

Luis Enrique Vizcaya
Luis Enrique Vizcaya