Buscando un unicornio

El chavismo arrastra los pies y está cazando una oportunidad -las elecciones de medio término en EEUU o el fin del período presidencial de Trump o lo que sea- para cantar foul ball y regresar el proceso al cuadro número 1

El cambio de gobierno que comenzó el 3 de enero de 2026 (o el 22 de octubre de 2023 o el 28 de julio de 2024; cada quien es libre de escoger su fecha) tiene varios actores que a su vez mantienen posiciones diversas en cuanto a lo que es urgente, lo que es importante, lo que tiene que hacerse ya y lo que puede quedar para mañana, para el año que viene o para 2050. La postura más conocida, por obvia y porque conocemos a sus patronos, es la del gobierno interino, que se puede formular en unas pocas palabras y reproduce lo que se ha visto en todos los diálogos anteriores, desde Caracas 2014 hasta México y Barbados 2021 – 2023: mantenerse en el poder por el mayor tiempo posible, evitar sanciones por los delitos cometidos y, para coronar la faena, salir liso del concilio montado por el tutelaje. Luego, vivir de las rentas en Dubái o tener algún chance de postularse a cargos públicos en el futuro para así complacer a su omnipresente motivación de poder, que no es algo que se quite así tan fácil; sobre todo después de pasar 26 años mandando y viviendo con privilegios. En síntesis, el chavismo arrastra los pies y está cazando una oportunidad -las elecciones de medio término en EEUU o el fin del período presidencial de Trump o lo que sea- para cantar foul ball y regresar el proceso al cuadro número 1.

La oposición al chavismo se presenta con una fachada poblada de grietas y diferencias en cuanto a la velocidad de los cambios, su profundidad y su pertinencia. El equipo presente en la mesa de negociaciones sigue un camino que se acerca a “esto es lo que hay”, sentándose frente a sus contrapartes del interinato y sacando cada cierto tiempo un documento en el que se anotan los pasos cumplidos y los logros -en caso de que los haya- conseguidos durante las reuniones. En el documento de hace un par de días, por ejemplo, se “reconoce el avance en el fortalecimiento de la libertad de expresión”, se “inicia un proceso de revisión profunda de diversos instrumentos legales”, se “reconoce el avance de la Comisión Preliminar del Comité de Postulaciones judiciales” (ya el comité esta nombrado y en funciones) y se “reitera ante el reino Unido la urgencia de recuperar los activos de reserva internacional de Venezuela (Oro Venezolano)”. Al mismo tiempo, en declaraciones a los medios, la fecha de los comicios presidenciales se patea para finales de 2027 o principios de 2028.

El otro tolete opositor, el que cuenta con el mayor respaldo popular pero no tiene presencia en el concilio, está en desacuerdo con la lentitud con que se van tomando las decisiones, reclama la presencia de María Corina Machado en Venezuela y exige que las elecciones sean para ya. Por supuesto, critica la demora en nombrar al nuevo CNE y muestra su molestia con la postergación de la fecha de los votos. Está comenzando a cuestionar al tutelaje de forma más abierta y con menos eufemismos y plantea que la secuencia debe comenzar por elegir al nuevo mandatario y arrancar el esfuerzo de reconstrucción desde el poder. El tutor no coincide con este punto de vista: además de que su énfasis declarado es en las oportunidades de negocio que presentan el petróleo, el oro y los minerales estratégicos, piensa que las cosas toman su tiempo, que el gobierno interino lo está haciendo bien y que la prioridad es construir instituciones, a paso firme pero sin prisa, y las elecciones vendrán cuando haya una estructura legal y de seguridad, poblada con gente afín al cambio que pueda recibir a un nuevo presidente, y -aunque esto no se dice- cuente con militares que obedezcan las órdenes de un recién electo Comandante en Jefe.  

¿Y dónde queda la gente en todo esto? Para ilustrar un poco, la última encuesta de Meganálisis revela, en números redondos, que 83% de la gente no confía en que Donald Trump quiere lo mejor para Venezuela, 85% no cree que la mesa de dialogo está trabajando para el bienestar de los venezolanos, 90% opina que es urgente que el chavismo deje el poder, 61% votaría por la Sra. Machado si los comicios fuesen hoy y 77% piensa que no puede haber estabilización ni recuperación económica si antes no hay elecciones presidenciales. La gente habló, y bastante claro, pero los números de la encuesta revelan una cierta tendencia hacia la solución rápida y definitiva montada sobre un liderazgo mesiánico. Y puede que por ahí no vayan los tiros, sino por un camino intermedio que tienen que acordar -e imponerle al interinato- la oposición unida y el tutelaje, más cercano a la reforma progresiva que al knockout fulminante. Un camino que luce como un Unicornio. Pero es eso, o el chavismo a la vuelta de la esquina.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Buscando un unicornio

Alberto Rial
Alberto Rial
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