Delximiliana

Lo que ocurre en Venezuela le suena a uno como un “dejá vu” de tantas historias donde potencias extranjeras dominan a un régimen títere de otro país, para abandonarlo cuando ya sus objetivos fueron logrados

México, como los demás países hispanoamericanos, ha tenido siempre etapas brillantes y épocas oscuras, con sus luchas contra países colonialistas, sus guerras internas contra dictadores, conflictos internos entre facciones partidistas. Emiliano Zapata luchó contra Porfirio Díaz, Francisco Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza, terminando asesinado por orden de este último. Francisco (Pancho) Villa: luchó contra Díaz, Huerta, Carranza y, brevemente, contra EE. UU. Ambos coincidieron en su oposición a Huerta y Carranza, pero tenían proyectos distintos: Zapata era radicalmente agrarista; Villa, más político y militar.

Entre 1822 y 1823 México tuvo un primer emperador: Agustín de Iturbide, instaurado justo después de la independencia de España por el Congreso mexicano que, con votos de diputados cercanos a él y otros conservadores, aprobó su proclamación. Consideraban que Iturbide tenía suficiente legitimidad y méritos por haber logrado la independencia.

Iturbide abdicó en marzo de 1823 porque su imperio se volvió insostenible: perdió apoyo político, enfrentó rebeliones militares y el Congreso se le puso en contra. Su caída fue rápida y casi inevitable.

Para sustituir a Iturbide, Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte, se propuso instalar un segundo imperio en México, pero orientado a expandir la influencia francesa en América. Con ese objetivo, creó el Imperio Mexicano, abocándose de seguidas a designar un segundo emperador. Así, propuso y presionó a Maximiliano de Habsburgo para el cargo y, una vez coronado éste como Emperador de México, lo sostuvo militarmente con el Ejército Expedicionario Francés. Pero una combinación de presiones internacionales, especialmente del gobierno de Estados Unidos, e insostenibles costos militares y cálculos políticos hicieron que el gobierno imperial dejara de ser conveniente para Francia. Maximiliano fue abandonado por Napoleón III porque dejó de ser útil, rechazó algunas órdenes francesas, y además adoptó políticas liberales que irritaron a los conservadores mexicanos.

Perdido el apoyo francés en 1866, Maximiliano quedó aislado y terminó fusilado en 1867.

Lo que ha leído (si ha llegado hasta aquí) tal vez le parezca al lector algo traído por los cabellos para lo que continúa, pero a veces hay episodios en la historia que, como dijo Marx “se repite dos veces: primero como tragedia y luego como comedia”, aunque no sé si a veces es siempre tragedia.

Pero, en todo caso, lo que ocurre en Venezuela le suena a uno como un “dejá vu” de tantas historias donde potencias extranjeras dominan a un régimen títere de otro país, para abandonarlo cuando ya sus objetivos fueron logrados o cuando otros intereses hacen que este dominio, disfrazado de “apoyo” deje de ser útil o conveniente.

Una vez visitamos el Palacio de Chapultepec en Ciudad de México, donde vivió Maximiliano I con su esposa Carlota, hoy convertido en museo. Allí se aprecia el piano que tocaba Carlota en tardes apacibles donde alguien leía en voz alta obras de Shakespeare, Goethe, historia antigua, luego que Maximiliano, hombre metódico, despachaba en su oficina asuntos de gobierno o recibía a embajadores y personalidades de la política local.

Pero realmente eran actividades sujetas a la vigilancia y control del régimen francés, y me imagino que, en su interior, el pobre Maximiliano se debe haber sentido ridículo o incómodo al intuir que quienes lo visitaban sabían que solo era un pobre portavoz del imperio francés.

Triste papel para un triste final.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Delximiliana

Peter Albers
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