Por las redes en los profusos dramas coreanos, del Sur evidentemente, ocurre siempre un sorprendente desenlace: el jardinero, vigilante, de la empresa de la poderosa fabricante de chips, termina revelándose dueño, CEO, hombre rico, mandamás de la región. En nuestro caso real, un chofer de autobús, aun cuando de modo cuestionado, resulta electo presidente de la república. El punto de encuentro de ambos personajes es la subestimación sufrida. En una mezcla de supuesta humildad, ignorancia, torpeza, articulan, cultivan, una imagen subestimada, la cual convierte, en poderosa arma secreta, frente a los confiados subestimadores adversarios, quienes cada día agregan nuevos adjetivos para resaltar la descalificación. Es lo que dramáticamente nos ha ocurrido como nación.
Han sido los momentos picos, agonísticos, como el que atravesamos, los que han revelado la sofisticada, poderosa e híbrida arquitectura del poder al cual nos enfrentamos, al cual se ha subestimado y comienza apenas a ser desnudado en su estructurado entramado político, financiero y tecnológico, de ilimitada y diversificada manipulación y control. Con asesores, de experta visión situacional y estratégica. Operadores con recursos financieros, redes diplomáticas y lobbies activos y especializados en cualquier geografía, de alcance geopolítico planetario, en los niveles que fuese necesario y oportunos, trátese de EE.UU., UE, LATAM, África o Asia, de jueces, primeros ministros, etc.
Se alude a un entramado que rebasa un poder estatal típico, tradicional, doméstico. Es evidente que no se trata de un poder convencional, se trata de un poder que maneja intereses no solo políticos sino de comercio y negocios heterogéneos, incluye tráfico de minerales, sustancias nocivas a la salud, según testimonios de apresados que negocian sus penas judiciales a cambio de comprometedoras informaciones, convertidas en voluminosas pruebas. Represión masiva, terror indescriptible, también ha acompañado este sostenimiento en el poder, de numerosos crímenes de lesa humanidad denunciados, sustanciados por la ONU, Ongs y gobiernos, como los de Argentina, Chile, Canadá e Italia.
Se requiere una poderosa alianza ciudadana interior y una ofensiva diplomática, de amplia información y de conexión política internacional, geopolítica. Ya hay casi 8 millones de ciudadanos que hicieron una importante parte del cambio, escogieron al presidente Edmundo González y su vicepresidenta María Corina Machado para el la construcción de una democracia próspera con oportunidades para todos.




