Lluvia de lágrimas sobre el planeta

La concesión del Premio Nobel de la Paz, a María Corina Machado, ha desatado una fuerza inconmensurable, emocionante y libertaria

Más allá de la irradiación política natural del conferimiento del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, hay elementos que  desbordan la simple conjetura política, convencional. Corresponden  al intangible ámbito moral, emocional, espiritual, cuya lectura, repercusión, se anuncia  tan  significativa como poderosa.

La concesión del Premio Nobel de la Paz, a María Corina Machado, ha desatado una fuerza inconmensurable, emocionante y libertaria. Noruega resuena nuevamente en la memoria histórica, humana, nuevamente orienta, refresca, ilumina el sentido humano planetario de la libertad y la democracia. El martillazo de la justicia  ha determinado reconocer la lucha de la sufrida, heroica, tenaz, nación venezolana.

La poderosa fuerza  emocional desatada en la ceremonia,  la angustiante travesía de María Corina, el discurso  transustanciado en su hija, fue  la espoleta emocional para hacer estallar una conmovedora lluvia de lágrimas sobre el planeta. Fue la dolida e infatigable diáspora, los aferrados desesperadamente a nuestro mapa, lloraron  como nunca, a moco tendido, sintonizados sus corazones en el orgullo de ser venezolanos, herederos del espíritu libertario de nuestros padres fundadores. Cada uno se reconoció en la determinación, valentía, talento, de nuestra  lideresa.

Esta vez, no era solo el llanto  frente a la impotencia del hijo secuestrado forzosamente, por el hermano asesinado, tampoco era solo por los niños arrojados a las mazmorras del desalmado maduro-cabellato, ni   la indignación de ser universitarios destinados por el régimen para el exterminio, el genocidio, con sueldos miserables, despojados para ello, de su seguridad social, ni la larga noche de terror y  hambre de los jubilados y pensionados. Tal como lo presagiamos, la maquinaria del autoritarismo ha  activado un desesperado y fallido tráfico  comunicacional, destinado a aliviar el poderoso golpe recibido,  lo que significa, simboliza, internacionalmente el Premio Nobel de la Paz  contra  el desacreditado Destructivismo del Siglo XXI.

Estas lágrimas nos refrescaron la fuerza, la determinación para luchar, con citar el apoyo internacional, avivar la esperanza, las  ganas de ser libres ,de vivir en democracia, de luchar por un país próspero, de oportunidades para todos.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Lluvia de lágrimas sobre el planeta

Luis Enrique Vizcaya
Luis Enrique Vizcaya
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