Casos como la desaparición, ocultamiento y muerte del ciudadano Víctor Hugo Quero Navas, ocurrida bajo la custodia –lo de custodia es un decir- del Estado, le ponen una nueva señal de alarma a la necesidad de reemplazar a la jefatura interina
La recuperación de Venezuela es una tarea de orfebrería social. No se trata de un salto al vacío, sino de un ascenso constante por una escalera de valores democráticos
Cualquier ciudadano de a pie está armado de un arsenal analítico que comprende el racionamiento eléctrico como ineficiencia, fracaso del modelo chavista, hasta el uso de los servicios públicos como control político, social
Este naufragio económico tiene su reflejo más trágico en el Servicio Público Nacional de Salud (que no puede denominársele “Sistema Público de Salud”, pues no es “sistémico”, sino un disparate)
El terror que generaba Sheth en Egipto, dios de la sequía y el desierto, palidece ante el marasmo de un país sumergido en la corrupción, donde las instituciones—GNB, DGCIM, o PNB— a menudo generan tanto temor como los propios delincuentes
Es ese modo criminal que pretende camuflar el gobierno interino de los Rodríguez, que el crimen de Víctor Hugo Quero ha puesto en evidencia, el mismo que cada día inunda de lágrimas a cientos de hogares
La primera tiene que ver con la inexplicable prolongación del chavismo–madurismo en el poder. La segunda, con las acciones para garantizar al gran país del norte los recursos naturales en condiciones ventajosas por largo tiempo
Lo verdaderamente importante es que esta vez no nos quedemos en las intenciones y tampoco que éstas se desvíen por otros derroteros de reacomodo político