A Petro no le sirvió ni siquiera el embajador, por Armando Martini - Runrun
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A Petro no le sirvió ni siquiera el embajador, por Armando Martini
Petro está demostrando ser un dirigente más de palabras que de hechos. Chapoteando por seguir los errores del régimen venezolano

 

@ArmandoMartini

El presidente colombiano se encuentra en una encrucijada política mientras intenta establecerse como un líder de la izquierda latinoamericana. Sin embargo, sus esfuerzos están lejos de alcanzar su objetivo y, en su lugar, está demostrando ser un dirigente más de palabras que de hechos. Además, la izquierda en América Latina está perdiendo fuerza y credibilidad, representada por gobiernos incompetentes en varios países de la región, a excepción de Cuba, donde el castrismo chuleándose a sus amigos ha logrado mantenerse a pesar de la represión, pobreza, nula productividad y dependencia económica durante más de sesenta años, tiempo excesivo para insistir en el error.

En Argentina, el peronismo corrupto de los Kirchner y sus títeres. En Bolivia, Evo Morales fracasado cocalero y mal jugador de fútbol, deja un legado de fracasos y malas decisiones, especialmente en temas económicos. Mientras que en México, Andrés Manuel López Obrador, hablador de incoherencias, niega la importancia de Estados Unidos, pero cuenta con su apoyo. En Nicaragua, Daniel Ortega devenido en tirano que reprime a su pueblo y socava la democracia. En Venezuela, Maduro, quien solo se mantiene en el poder gracias a una oposición debilitada, conveniente y obsoleta, se aferra a pesar de la grave crisis económica y social que ha sumido al país en la miseria, pobreza y represión.

La izquierda es un fantasma fracasado, desgastado por pueblos hartos de frustraciones. Es en este contexto político que Gustavo Petro, líder de la coalición de izquierda en Colombia, destaca como un buen alumno del mal gobierno venezolano.

Parece tomar nota de los traspiés del régimen venezolano, estableciendo vínculos cercanos en múltiples ocasiones. Acciones que generan críticas y descontento entre los ciudadanos, muchos de los cuales ahora se arrepienten de haber votado por él. Incluso debió destituir al embajador en Caracas, quien demostró ineptitud, falta de criterio, una trama turbia y falta de habilidades diplomáticas.

No obstante, Petro logró que los colombianos desvíen su atención de los discursos y se centren en el pasado como alcalde de Bogotá y su pasado guerrillero. Su gestión fue criticada por su manejo ineficiente de los recursos públicos y falta de resultados tangibles. Además, su participación en el asalto al Palacio de Justicia en 1985, donde murieron numerosas personas inocentes, dejó una mancha en su reputación.

La Colombia de Petro en la cuerda floja

La situación política en Colombia es preocupante. El principal contendiente en las elecciones presidenciales fue un candidato cuyo único mérito parecía ser su riqueza personal. Esto plantea interrogantes sobre el panorama político del país, alguna vez reconocido por sus grandes líderes y pensadores políticos. Hoy enfrenta desafíos significativos en su gobernabilidad, con un presidente que genera dudas, patria de narcoguerrilleros y delincuentes; una vicepresidenta que parece haber sido elegida en función de su raza más que de sus capacidades.

A medida que avanza el tiempo del mandato de Petro, los colombianos comienzan a cuestionar la calidad de sus opciones políticas y anhelar un rescate. Sin embargo, es esencial que se realice de manera adecuada, abordando los problemas internos sin caer en errores similares a los cometidos en Venezuela bajo el régimen castro-madurista. Colombia merece líderes comprometidos y capaces de abordar los desafíos económicos, sociales y políticos que enfrenta, y es responsabilidad de los ciudadanos elegir sabiamente para asegurar un futuro próspero y estable. También será necesario que alguien sepa cómo rescatar a Venezuela de los desastres del castro-madurismo.

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