MAR DE LETRAS

Una mirada al mundo de la literatura, con sus obras, autores y anécdotas, desde una perspectiva cercana y fresca

El cuento se tambalea en Venezuela

Recuerdo haber comentado a varios de mis conocidos que estaba preparando un cuento y tener la certeza de que sus pensamientos se remontaron al terreno de la literatura infantil

cuento
Generado con IA

Desde hace un tiempo tengo una idea rondándome la cabeza, a pesar de que varios escritores y editores con los que he conversado no han estado de acuerdo. Lo he consultado en conferencias, talleres y en la propia Filuc; estoy convencido de que el cuento está en vías de extinción dentro del universo de lectores venezolanos.

Basta con ver las listas de los libros más vendidos de ciertos países —en Venezuela no hay datos disponibles— para comprender la magnitud de esta situación, que se replica en toda Lationamérica. Por lo general, los primeros puestos los ocupan títulos de la naturaleza de “Padre Rico, Padre Pobre” y otros textos de “superación personal y financiera” —así, con unas comillas bien escépticas— y recién en el octavo o noveno peldaño aparece algo de narrativa.

De hecho, las obras literarias que han estado de moda en los últimos años excluyen al cuento de forma abrumadora. En agosto nos vemos, La Vegetariana, Cadáver exquisito, El infinito en un junco, La península de las casas vacías… Todas son novelas. Incluso el auge comercial de Pizarnik ha traído de vuelta la poesía a la escena editorial, pero de relatos breves de ficción, nada.

Es tanta nuestra ceguera respecto a este tema, que ni siquiera tenemos una definición del mismo en la cultura popular. Recuerdo haber comentado a varios de mis conocidos que estaba preparando un cuento y tener la certeza de que sus pensamientos se remontaron al terreno de la literatura infantil.

Es oportuno mencionar, a estas alturas, que este género no está pensado exclusivamente para niños; de hecho, su definición rivaliza con las fábulas con las que fuimos criados. Por ejemplo, estas narraciones en realidad son de naturaleza amoral y no están en la obligación de dejar ninguna enseñanza. En cambio, se trata de piezas narrativas relativamente cortas —menos extensas que una novela—, cuyos elementos están dispuestos en función de la historia interna, y nada más. No sirve para dejar mensajes positivos ni para obligar a la sociedad a ser mejores personas. La literatura nunca ha asumido esa tarea tan imprecisable como la moral misma.

También se trata de uno de los ejercicios más difíciles que pueda emprender un escritor. Ya lo decía Cortázar, este oficio es similar al boxeo y “la novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”. En otras palabras, su brevedad ofrece un sinfín de oportunidades, pero a la vez representa una complejidad monumental.

De vuelta a nuestra vida como venezolanos, ajena a este género, es irónico que varios de nuestros grandes escritores también hayan sido grandes cuentistas. Y para quienes les gusta ir un poco más lejos, probablemente el mejor literato de la historia latinoamericana, Jorge Luis Borges, desempeñó sus dotes narrativas únicamente dentro de las fronteras de la ficción breve.

Este alejamiento, además, ha sido gradual y no es nuevo. Han entrado en juego, entonces, los fenómenos que también nos han separado de la vida cultural en general (globalización, trivialización de la existencia, redes sociales, vanidad, etc.). El resultado es que desde hace muchos años las recopilaciones de cuentos han estado al margen en cuanto a la popularidad se refiere.

No pretendo tampoco ofrecer ninguna fórmula mágica para revertir esto. Tenemos que corregir primero muchos aspectos de nuestra forma de ver el entretenimiento y la literatura. Solo espero que no perdamos nuestro patrimonio en el proceso.

Únete a nuestros canales en Telegram y Whatsapp. También puedes hacer de El Carabobeño tu fuente en Google Noticias.

El cuento se tambalea en Venezuela

cuento
Generado con IA