"Mentar”, según el DRAE, significa nombrar o mencionar a alguien o algo. En Venezuela se usa “mentar” para un solo propósito: recordarle a alguien por donde nació (a menos que haya sido por cesárea) como el máximo insulto que se le puede proferir a alguien. La “mentada de madre” se aprende desde niño al escuchársela al perdedor que impreca, en su desahogo a conveniente distancia en su huida, al ganador de una pelea en la acera de la esquina entre escolares mayores.
La primera palabra con que comienza una “mentada de madre” es impublicable en Venezuela, pero de uso común en el ambiente informal. Guillermo Álvarez Guedes, uno de los humoristas más influyentes del siglo pasado, difundió en todos los países de Hispanoamérica y entre los habitantes hispanoparlantes en Estados Unidos sus monólogos, desde los escenarios o a través de transmisiones de radio y TV o en grabaciones, que se caracterizaban por su estilo directo, pícaro y observador, y en uno de ellos analiza los infinitos modos de utilizar esa impublicable palabra. Como lo hace entender Álvarez Guedes, impublicable o no, con signos de exclamación o admiración (según el caso) la palabra se usa como alivio tras algún accidente, como lo puede ser golpearse la frente contra el canto de una puerta, por ejemplo, o sufrir una caída tras un resbalón, mas también sirve para muchas otras cosas, como expresar asombro, alegría, dolor, sorpresa, y cualquier otro sentimiento.
Pero no solo es la “mentada de madre” el último recurso del impotente, incapaz de vencer al contrario en una pelea callejera, en cuyo caso es realmente intrascendente, pues sólo queda como episodio en la vida de un par de personas sin más consecuencias; también puede pasar que “Jaime Ramírez” (personaje hipotético que, con la venia de Ibéyise Pacheco tomo prestado de su libro “Los Hermanos Siniestros”) se percate de que un o una dirigente de oposición viene causando admiración y ganándose el respeto de los pueblos y de las autoridades de todos los países democráticos del mundo, quitándole seguidores y provocando una situación de peligro para él y su grupito, pues encuentra que esa pérdida masiva de sus otrora incondicionales seguidores se debe a su desastrosa gestión, y que es incapaz de accionar de una forma eficaz para revertir esa situación. Ese “Jaime Ramírez” descubre que frente a sí tiene a quien amenaza su hegemonía, y en una manifestación de impotencia, profiere en un acto público, en clara e inteligible voz ante un escaso e histérico público asalariado y los micrófonos, las ominosas palabras que no repito aquí para no rebajarme a su nivel ni violar los códigos de ética de El Carabobeño. Y menos, faltar el respeto al lector.
Da pena ajena cuando la “mentada de madre” se escucha de labios de alguien que detenta alguna forma de poder como “Jaime Ramírez”, involucrando a una persona digna de respeto por el hecho de ser madre; y difundida por los medios de comunicación y las redes sociales, provoca una reacción contraria al propósito de quien la emite, aumentando el rechazo general entre simpatizantes y opositores. Descubre la cobardía de quien la profiere, ayuno de coraje ante la ruptura emocional de él y sus cómplices con sus incautos seguidores, a quienes utilizaron para su propio provecho, y para desgracia de todos. Y pone a la vista su bajeza como mal perdedor que, desesperado, grita su frustración.Es que la valentía no es gratuita: requiere convencimiento, firmeza y decisión; pero la cobardía cuesta más: el desprecio.




