El béisbol no tiene la popularidad y arrastre de público a nivel mundial que tienen el fútbol o el tenis. Por ejemplo, en el reciente campeonato “mundial” de fútbol, donde como todo el mundo sabe y es ya noticia vieja, Venezuela derrotó a Estados Unidos, solo participaron 4 países europeos incluido Israel, 4 orientales, y 11 países americanos.
El béisbol es el deporte más popular y difundido en Venezuela. Fue a partir de la década de 1920 cuando el auge petrolero atrajo a empresas como Standard Oil, Gulf Oil y Shell, que vinieron con miles de trabajadores estadounidenses. En los campos petroleros de Zulia, Falcón y Anzoátegui, estos empleados jugaban béisbol en sus ratos libres, construyeron campos improvisados, organizaron ligas internas y enseñaron el deporte a trabajadores venezolanos. Y los jóvenes locales empezaron a imitarlos, volviéndose los campos de béisbol parte del paisaje de nuestras ciudades. Pero ya antes era conocido, aunque en un ámbito muy reducido: lo jugaban estudiantes venezolanos que, a finales del siglo XIX, regresaban de Estados Unidos; y marineros estadounidenses, tripulantes de barcos que atracaban en puertos venezolanos; y también lo practicaban algunas comunidades de inmigrantes en Caracas y Maracaibo.
Poco a poco fueron naciendo equipos de beisbol, como “Los Navegantes del Magallanes”, fundado en un bar del sector Magallanes de Catia, el “Cervecería Caracas”, patrocinado por esa empresa cervecera y que jugaba en un estadio también llamado así, el “Pampero” fundado por Alejandro Hernández, propietario de “Industrias Pampero” (destilería de ron) o el “Sabios de Vargas” convertido posteriormente en “Tiburones” de La Guaira. Posteriormente vendrían los “Tigres de Aragua” y los “Industriales” de Valencia, que luego absorbe a los “Navegantes del Magallanes”. Y los “Caribes de Oriente”. Entre los fanáticos del “Caracas” y los del “Magallanes” hay una gran rivalidad, que a veces llega a niveles de violencia. Y en muchas familias uno de los cónyuges es “caraquista” y el otro “magallanero”, con perjuicio de la paz hogareña.
Pero, que el béisbol no sea un deporte tan popular mundialmente como el fútbol y el tenis, no impide calificar de hazaña el triunfo del equipo venezolano sobre el Goliat del béisbol mundial: Estados Unidos. Y los venezolanos, tan ayunos de algo que celebrar en lo que va de siglo, han dado muestras de júbilo ante tal logro de nuestros beisbolistas venezolanos. Y el régimen quiso también ganar indulgencias: tenía ya un avión a punto para traer a los campeones a Venezuela. Uno sospecha que la idea era montar todo un espectáculo, con despliegue de fanáticos y activistas en las calles, mucho papelillo, y tarimas con comparsas de incondicionales gritando consignas en apoyo al régimen “que auspicia el deporte”. Pero no contaron con que los peloteros venezolanos que jugaron en el campeonato son también fichas de las ligas de béisbol de Estados Unidos, y que sus equipos de allá no les iban a permitir venir, luego de haber derrotado a sus propios compañeros de equipo.
Y en medio de todo, nos hicieron un gran favor: evitaron que el régimen incurriera en cuantiosos gastos, que debería destinar en beneficio de los ciudadanos necesitados, para adueñarse de méritos ajenos. Lo dejaron, para usar una expresión beisbolera, “con el bate al hombro”, pero no faltó el prominente del régimen que se hizo retratar con una gorra del equipo campeón. O sea, todo un “catcher”, aunque lo suyo sea jugar con pelotas de billetes verdes.




