La presidenta de la Cámara Venezolana del Libro, Adriana Olivares, sostiene que el mayor desafío de la industria editorial venezolana en la actualidad no se limita a imprimir libros, sino a reconstruir un ecosistema que durante años ha operado de forma fragmentada. Su gestión, explica, está orientada a articular nuevamente a todos los actores que forman parte de la cadena de valor: editoriales, librerías, distribuidores, autores, lectores y creadores de contenido. La meta es recuperar el tejido cultural que permite que los libros circulen, dialoguen y permanezcan.
La dirigente gremial insiste en que el sector ha resistido gracias al esfuerzo individual y colectivo de sus integrantes, pero subraya que aún se requiere respaldo institucional y políticas públicas que garanticen sostenibilidad. “Nuestro rol es unificar, reconectar e impulsar. El libro no es solo un producto cultural, es un puente de conocimiento, identidad y ciudadanía”, afirma.
Uno de los ejemplos que, a su juicio, refleja la capacidad de reinvención del sector es la librería Booksflea ubicada en Valencia. Este proyecto, impulsado por la librera, Jenny Yu, ha logrado posicionarse como un referente de intercambio cultural, formación de lectores y emprendimiento. Olivares considera que su modelo es replicable, especialmente para nuevas generaciones interesadas en profesionalizar el oficio del librero.
La Cámara ha observado el surgimiento de iniciativas híbridas en distintas regiones del país. Librerías que integran cafetería, papelería, espacios para eventos y plataformas digitales forman parte de una estrategia de supervivencia que también ha contribuido a dinamizar la lectura.

Los sobrevivientes del libro
Según estimaciones gremiales, Venezuela cuenta con alrededor de cien librerías activas, aunque muchas combinan varias actividades para sostenerse económicamente. El objetivo, explica Olivares, es acompañar a estos emprendimientos en procesos de formalización, distribución de libros licenciados y fortalecimiento de redes comerciales que eviten la piratería y garanticen la calidad editorial.
Pero... No se puede dejar de destacar que ante este tipo de propuestas las librerías puras no son el común denominador, si no que más bien recurren al otro rubro casi como un gancho.
En este contexto, destaca el auge de proyectos digitales. La pandemia, la migración y la expansión de las redes sociales impulsaron nuevas formas de circulación del libro. Desde editoriales regionales hasta librerías en línea han demostrado que la geografía dejó de ser una barrera. Olivares menciona que su propia editorial, de origen bolivarense, ha publicado autores venezolanos radicados en el extranjero, lo que confirma que la producción editorial puede sostenerse a pesar de la diáspora.
El financiamiento sigue siendo el principal obstáculo estructural. Muchas editoriales dependen del autofinanciamiento de los autores, lo que reduce la diversidad de publicaciones y limita la experimentación. La presidenta del gremio plantea la necesidad de ampliar convocatorias públicas, facilitar la importación de insumos y promover alianzas internacionales que reduzcan los costos de producción. En este sentido, señala que países como Colombia ofrecen condiciones más competitivas, lo que abre oportunidades de coproducción y exportación de títulos venezolanos.
Además, insiste en que la importación de libros es clave para ampliar la oferta y enriquecer el mercado. “La industria necesita reconocimiento, inversión y políticas que permitan que la producción local crezca sin aislarse”, apunta.
Nueva generación que lee
Verónica Sánchez es una ávida lectora a la que El Carabobeño entrevistó, mientras disfruta de un café revisa la estantería de Booksflea. "Creo que me han comentado que esta librería tiene más de 30.000 títulos ¿Tu sabes lo que es eso? Muy pocos establecimientos de este tipo en Valencia tienen esa variedad. Recuerdo que antes que la crisis de 2017 empezara yo compré libros para dejar en mis estantes y funcionó. Sigo leyendo títulos nuevos que ya no hay en el mercado, pero ahora la lectura es casi un lujo".
Pese a las dificultades, Olivares sostiene que la lectura juvenil muestra signos de recuperación. En su opinión, la afirmación de que los jóvenes no leen está quedando obsoleta. Asegura que comunidades digitales, clubes de lectura y creadores de contenido han impulsado una nueva cultura literaria, especialmente en redes sociales. Según datos informales del gremio, existen más de 300 generadores de contenido sobre libros en Venezuela, muchos de ellos desde regiones como Carabobo y la Gran Caracas.

El fenómeno, explica, responde a una necesidad de pertenencia y de conversación cultural. “Los jóvenes están leyendo, recomendando y debatiendo. Lo que falta es visibilizar ese movimiento y conectar a esos lectores con librerías, editoriales y autores”, afirma.
El interés por los géneros también ha cambiado. Los títulos más demandados incluyen autoayuda, finanzas personales y novela, lo que evidencia una búsqueda de herramientas prácticas y narrativas que dialoguen con la experiencia contemporánea. Además estos géneros destacan las necesidades del venezolano quien atraviesa amplios momentos de desazón, frustración y deseos de una mejor economía ante la campante crisis. Para Olivares, este comportamiento refleja un lector que quiere entender su entorno, mejorar su calidad de vida y, al mismo tiempo, evadirse a través de la ficción.
Asia a través de las páginas
En ese panorama, el caso de Jenny Yu y Booksflea destaca por su impacto cultural. La librería ha sido reconocida entre las cien más influyentes de origen chino en el extranjero, posicionándose como una de las dos en América Latina con ese alcance. Su trabajo ha impulsado la difusión de literatura asiática, no solo china, y ha permitido crear puentes entre comunidades.
Yu sostiene que el libro es un vehículo de viaje y conocimiento. “Permite viajar sin moverse, conocer otras culturas y ampliar la mirada”, comenta. Desde esta visión, ha promovido actividades que acercan al público venezolano a tradiciones asiáticas, como celebraciones del Año Nuevo chino y encuentros culturales que combinan gastronomía, literatura y diálogo.
Su propuesta también busca romper estereotipos y abrir espacios de integración. Para la librera, es momento de que la comunidad china en Venezuela comparta su cultura con mayor apertura. “Queremos que la gente viva de cerca nuestras celebraciones, lo que comemos, lo que leemos y cómo nos conectamos con nuestras raíces”, afirma.

Uno de los logros más significativos ha sido la consolidación de una comunidad de lectores. Lo que comenzó hace cuatro años como un club de lectura con nueve participantes hoy supera el millar de integrantes en línea. Este crecimiento evidencia, según Yu, que el venezolano sí lee, pero carece de promoción y plataformas que articulen los esfuerzos dispersos.
A pesar de promover la literatura asiática, Yu subraya que también busca impulsar la literatura venezolana. Sin embargo, reconoce que uno de los desafíos es conseguir ediciones actualizadas y disponibilidad de títulos nacionales. La falta de producción sostenida y la migración editorial dificultan el acceso a obras recientes.
Cuando a Yu se le pregunta por un libro para conocer China, destaca el clásico Viaje al Oeste como una puerta de entrada. Considera que su sistema de magia, espiritualidad y aventura podría conectar con lectores latinoamericanos si se difunde con mayor fuerza. “Es una obra fascinante, con un universo rico que aún no tiene la visibilidad que merece en esta región”, comenta.
Para Olivares, estos intercambios demuestran que la lectura no solo es una práctica individual, sino un espacio de encuentro social y construcción de ciudadanía. La industria editorial venezolana, concluye, enfrenta retos complejos, pero también una oportunidad histórica de reinventarse desde la creatividad, la cooperación y la diversidad cultural.
En medio de la crisis, el libro sigue siendo un territorio de resistencia. Libreros, editores y lectores continúan creando redes, comunidades y proyectos que redefinen el panorama cultural. El desafío ahora es convertir ese impulso en políticas sostenibles, fortalecer la producción y posicionar la literatura venezolana dentro y fuera del país.





