Me llega una encuesta de febrero 2026 titulada Percepción, Integración y Retorno de la Diáspora Venezolana, elaborada por el Observatorio de la Diáspora Venezolana. Las respuestas se llenaron y respondieron en línea (personas mayores de 18 años con residencia en el país de destino), mediante un cuestionario enviado por el equipo de trabajo; el muestreo no fue probabilístico, lo que quizás pueda incidir sobre la precisión de los resultados, pero no deja de ser un muy buen intento de conocer la opinión y sobre todo las tendencias de la diáspora sobre temas del interés de todos.
Los números le ponen un toque de realidad a las tantas versiones que se lanzan al voleo sobre qué piensan y cuáles son los planes de los 9 millones de paisanos que dejaron su país por otras tierras. Comenzando por la intención de volver a Venezuela. Aquí, el 45% consideraría regresar si mejoran las condiciones del país. El 20% prefiere permanecer fuera de Venezuela. El 10% piensa regresar, pero no en el corto plazo, mientras un 10% está listo para volver pronto. Otro 10% no sabe o no contesta y un 5% son respuestas no válidas.
Las condiciones que la gente pide –o pediría- para regresar son de esperarse, y representan un giro de 180 grados sobre las razones que tuvieron para emigrar. En respuestas múltiples no excluyentes, 87% de los encuestados pide seguridad, a secas (tanto por los malandros como por cuenta del gobierno), el 81% quiere estabilidad económica, 80% quiere servicios que funcionen, 74% desea estabilidad política y 72% posibilidades de empleo ¿Y cuáles son las razones para no regresar, al menos en estos momentos? Percepción de inseguridad en Venezuela (72% de los encuestados), calidad de vida en el país de acogida (58%), acceso actual a servicios médicos (54%) y estabilidad económica (49%).
Haciendo algunas combinaciones con las respuestas, lo primero que se puede concluir es que 75% de los emigrantes no tiene planes de regresar en el corto plazo, y un eventual regreso estaría condicionado a que el país mejorase sustancialmente; de ese 75%, 20% no piensa regresar y el 55% restante decidirá en función de lo que suceda con su terruño en algún momento futuro. Apenas 10% tiene pensado regresar pronto y 10% adicional no tiene nada decidido, o no ha pensado el asunto o sencillamente no quiso contestar.
Dos de las condiciones que tienen que ver con una posible vuelta a la patria tienen que ver con estabilidad: política y económica. Y esto se puede interpretar como que la mayoría de la diáspora no se va a inclinar por una decisión en el corto plazo, pues la estabilidad no es algo que se logra de un día para otro. Para percibir estabilidad tienen que pasar meses o años de paz, tranquilidad y progreso antes de declarar el hecho cumplido y arriesgarse a desandar un camino que costó mucho recorrer.
Un tema llama la atención por su influencia sobre la decisión de emprender el camino de vuelta. Resulta que 89% de los encuestados se manifiestan integrados a su país de acogida, 57%completamente integrados y 32% medianamente integrados. Luego de 27 años de dictadura y, por decir un número, 20 de inmigración, la gente ha formado lazos, ha tenido hijos, cónyuges, yernos, nueras o nietos en la tierra nueva y no les resulta nada sencillo volver a recoger hogar, afectos, relaciones y maletas y aventurarse con otro cambio de país. Eso solo se haría si lo que se espera en el destino es, como mínimo, lo que había antes de partir. Como balance, 85% de los emigrados tiene familiares en Venezuela, y de este total el 60% tiene familiares cercanos -padres, abuelos, hermanos-, lo cual podría servir de contrapeso hacia una eventual decisión de regresar.
Al final, con la diáspora venezolana termina pasando lo mismo que con las inversiones. Y tiene mucho sentido: si no hay estabilidad, reglas de juego claras y predecibles, instituciones confiables y, lo que es más importante, respeto a esas instituciones, los capitales importantes, los que vienen por el largo plazo y construyen prosperidad, se abstienen de viajar a un territorio que no les ofrece certezas. La gente piensa de igual manera. Puede que una minoría nostálgica –en el buen sentido de la palabra- se decida a regresar a su tierra lo antes posible, por las razones que valgan, pero el grueso de los emigrados, después de años de trabajo y de invertir un gran esfuerzo en construir una vida nueva, lo va a pensar varias veces antes de desandar el camino.




