Y sin embargo, se mueve

El discurso oficial para las gradas sigue siendo antiimperialista, defensor de los logros de la revolución y agresivo contra la oposición política, aunque elogioso hacia Donald Trump y casi amoroso con el pueblo norte

Quizás la transición en Venezuela va por buen camino. O no. Depende de cómo se mire y de las aspiraciones de cada quien. Se puede decir que hay una ley de hidrocarburos (LOH) modificada que permite la inversión privada a unos niveles no vistos desde hace décadas; pero también se puede decir que la reforma a la LOH se quedó corta en muchos temas y le otorga un exceso de discrecionalidad –y posible fuente de corrupción- al poder ejecutivo para seleccionar socios y firmar contratos. Se puede argumentar que hay una ley de amnistía que ha servido para liberar a más de 100 presos políticos desde que fue promulgada, pero es igualmente válido que aún hay 568 personas en la cárcel (cifra del Foro Penal) por pensar distinto, por criticar al chavismo o por “incitar al odio”. Asimismo, hay fuertes indicios de gente que ha sido apresada y de la que no se tiene noticia ni está en las estadísticas ni sus familiares se han atrevido a denunciar por temor a las represalias de los cuerpos de seguridad.

Ha habido cambios en algunos puestos importantes. Hace unos días renunciaron el fiscal general –un funcionario detestado que alguna vez, cuando había una República, se presentaba como guardián de los DDHH- y un holograma que ocupaba el puesto de Defensor del Pueblo sin que se sepa que alguna vez haya defendido a nadie ni a nada. Ha habido cambios de ministros, nombramientos y movidas de mata. Se ha recibido al director de la CIA, al jefe del Comando Sur de EEUU, a la encargada de negocios de la embajada del Imperio y a otros funcionarios de rango medio que han hecho residencia en el país. Por otra parte, el discurso oficial para las gradas sigue siendo antiimperialista, defensor de los logros de la revolución y agresivo contra la oposición política, aunque elogioso hacia Donald Trump y casi amoroso con el pueblo norteamericano. En cuanto a los cambios de funcionarios, los reemplazantes han sido fichas del chavismo; no se ha nombrado a ninguna figura opositora en un puesto de relevancia.

Un amigo me decía que Venezuela está pasando por un momento surrealista, para bien o para mal, y eso es lo que se está viendo. Hay una potencia con cañones, barcos, drones y misiles que está forzando cambios en una dictadura que no quiere cambiar. Y esa dictadura está arrastrando los pies y jugando con el tiempo mientras ejecuta una parte de lo que le ordenan mientras hace lo posible por alargar el tutelaje, a ver si el chavismo se queda mandando y evita el exilio, la cárcel o una que otra extracción al estilo del 3 de enero; esperando quedarse si la presión desde el Norte flaquea o jugando a  participar con plenitud de garantías en unas eventuales elecciones que sucederían en algún momento dentro de 18 o 24 meses, según se ha expresado desde el Departamento de Estado.

Otro síntoma de la atmosfera que se va respirando en Venezuela es una cierta apertura de los medios de comunicación a decir cosas prohibidas hace dos meses, así como la presencia de gente en la calle protestando y exigiendo la liberación de presos políticos, sin que se hayan reportado acciones represivas de la policía o de los colectivos. Es cierto que las concentraciones en las universidades, frente a las cárceles y al lado de los sitios de reclusión no han juntado a mucha gente, pero el hecho en sí no deja de ser significativo: habría que ver la reacción oficial si el número de personas en alguna manifestación de protesta empieza a acercarse a la masa crítica que enciende las alarmas del gobierno. Y podría ser cuestión de tiempo que eso suceda. Por ahora, hasta el momento de escribir este artículo, no ha habido renuncias ni cambios ni enroques en los cuerpos de seguridad y en las fuerzas armadas, con la excepción de la salida de un número indeterminado de asesores cubanos. O sea, que la fuerza que ha sostenido –y, de cierta forma, aún sostiene- a los que ocupan los puestos de poder sigue ahí, sin decir mucho y sin asesoría pero sin mayores cambios.

Sin embargo, se mueve, cuentan que dijo Galileo. Y algo se está moviendo en Venezuela, a pesar de que el aparato chavista sigue instalado en Miraflores, en la Asamblea y en el TSJ. Hay quien dice que todo va muy lento y quien argumenta que es al revés. Y ambas posiciones tienen sustento, como digno ejemplo de realismo mágico. Como vaya viniendo, vamos yendo.         

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Y sin embargo, se mueve

Alberto Rial
Alberto Rial
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