MAR DE LETRAS

Una mirada al mundo de la literatura, con sus obras, autores y anécdotas, desde una perspectiva cercana y fresca

Cuando la literatura se vuelve popular

'La península de las casas vacías' es la demostración de que si los mecanismos mediáticos operan con efectividad, la buena narrativa puede volverse popular

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Generado con IA

Esta semana recibí un regalo particularmente valioso; un familiar querido me trajo de España un ejemplar de La península de las casas vacías, de David Ucles. Este es, quizás, el texto más popular en la actualidad alrededor de todo el mundo hispanohablante.

No me propongo en esta columna hablar de la novela en sí, porque no he tenido tiempo de aventurarme en sus más de 700 páginas —primero tengo que acabar un par de lecturas pendientes—, pero sí de todo lo que he podido apreciar desde afuera y de la importancia de los mecanismos que llevan a un buen libro a convertirse en un éxito de ventas.

A día de hoy, la literatura no está de moda en Venezuela. De eso estoy seguro. En el imaginario colectivo flotan a la deriva algunos títulos que gran parte de la sociedad tiene por imprescindibles, pero que no merecen la consideración de obras de calidad. Me refiero a la autoayuda y, especialmente, a aquellos autores que se dedican a temas financieros con un enfoque pop: fácil de digerir, con fórmulas secretas y que entienden la precariedad económica como una cuestión de hábitos y no como un problema multifactorial complejo. De ello ya hemos hablado bastante.

Por lo demás, en nuestras ciudades no habita con tanta fuerza el mundo literario. Tal vez Caracas sea una excepción, eso debemos reconocerlo quienes nos oponemos al modelo vigente de nación hipercentralizada. La realidad es que allí viven la mayoría de los intelectuales y se llevan a cabo varios de los eventos culturales de mayor renombre.

De vuelta a La península de las casas vacías, esta es la demostración de que si los mecanismos mediáticos operan con efectividad, la buena narrativa puede volverse popular. David Uclés se ha convertido, con tan solo 35 años, en un fenómeno editorial que ha trascendido más allá de las fronteras ibéricas —a él le gusta referirse así a su patria.

Y este frenesí de firmas de ejemplares, entrevistas y presentaciones no es más que la confirmación de una idea tan antigua como la novela misma: para alcanzar notoriedad global no es necesario abordar tramas genéricas o, pero aún, centrarse en los clichés de las grandes ciudades —como si una historia ambientada en Nueva York fuera de por sí más interesante que una ambientada en La Paz, por el simple hecho de tener un paisaje más “estético”: un completo disparate.

Uclés, según lo que él mismo ha afirmado en infinidad de ocasiones, habla de su pueblo, de sus costumbres, de sus mitos y de un evento tan local y enrevesado como la guerra civil española.

No obstante, una apuesta editorial arriesgada por parte de Siruela y una cobertura mediática completa fueron clave en este éxito literario, que por momentos me recuerda a lo que vivió Irene Vallejo con El infinito en un junco. El papel de los medios es un factor que me interesa resaltar, porque en muchos periódicos españoles la gente que habla de los libros es gente que de verdad lee. La cultura y el espectáculo no están fusionados como en Venezuela, aunque de eso hablaremos otro día.

En fin, me alegra ver que el creador de Jándula se haya puesto de moda. Ojalá esto ocurra con mayor frecuencia en nuestro mundo. Estamos en deuda con las letras.

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