Elecciones

Casos como la desaparición, ocultamiento y muerte del ciudadano Víctor Hugo Quero Navas, ocurrida bajo la custodia –lo de custodia es un decir- del Estado, le ponen una nueva señal de alarma a la necesidad de reemplazar a la jefatura interina

¿Cuándo habrá elecciones en Venezuela? ¿A fines de este año? ¿A mediados del año que viene? ¿A finales del año que viene? ¿En 2028? Las respuestas a una pregunta tan básica, vista la situación actual del país, revolotean por los aires y nadie –desde los tutores del Imperio hasta la Plataforma Democrática, pasando por el interinato- tiene una respuesta medianamente precisa. Los más impacientes abogan por una fecha próxima, en cuestión de meses, mientras que la regencia que viene del norte –sin mucho convencimiento- ha llegado a soltar frases como que a finales de 2027. El chavismo, el principal perdedor de unos eventuales comicios, no dice nada, o balbucea ambigüedades, mientras mira hacia el horizonte como quien rebusca en el infinito.

El asunto no es trivial, ni la vuelta a la democracia se puede tomar a la ligera. Se ha dicho hasta el cansancio que los capitales importantes de inversión no llegarán a Venezuela hasta tanto haya instituciones confiables, funcionarios honestos, reglas de juego estables y respeto a los acuerdos. Al mismo tiempo, 500 presos políticos esperan ser liberados y una abrumadora mayoría ciudadana no quiere seguir gobernada por una pandilla que no tiene nada en su haber, como no sea el título del peor gobierno que haya ocupado Miraflores. Todo esto sin contar con que ya hubo elecciones y se decidieron con un fraude tan obvio como chapucero. Un fraude que se apoyó en la complicidad de las fuerzas armadas, los cuerpos de seguridad, los jueces y fiscales y, en suma, en el sistema represivo que tiene cinco lustros reforzándose para someter los deseos del soberano. 

Dicho en otras palabras, hay un claro sentido de urgencia para acelerar el tema electoral. No solo por razones económicas, republicanas y éticas, sino también por el tiempo que tomará organizar unos comicios que tengan un mínimo chance de ocurrir libres y sin trampas. Casos como la desaparición, ocultamiento y muerte del ciudadano Víctor Hugo Quero Navas, ocurrida bajo la custodia –lo de custodia es un decir- del Estado, le ponen una nueva señal de alarma a la necesidad de reemplazar a la jefatura interina por una solución democrática, respetuosa de los derechos humanos y elegida por la gente.

Un trabajo publicado el pasado mes de abril por el centro de estudios Chatham House, del Reino Unido, bajo la autoría del Director de Asuntos Latinoamericanos, el Dr. Christopher Sabatini, está enfocado tanto en la necesidad de convocar elecciones en Venezuela como en la complejidad de organizarlas y el tiempo requerido para llevarlas a buen término. Entre otras afirmaciones, el Dr. Sabatini expresa que existe una ventana de oportunidad para que se restablezca la democracia como sistema de gobierno y se estabilice la economía, a la vez que argumenta que los dos procesos están relacionados entre sí. En su opinión, dejar correr el tiempo sin tomar acciones concretas para la convocatoria electoral, esperando por una estabilidad económica que no sucederá sin instituciones confiables -como las de un sistema legítimo de gobierno-, solo favorecería al interinato e iría en contra de la voluntad mayoritaria que se expresó el 28 de julio de 2024.  

Al referirse a acciones concretas, el informe de Chatham menciona temas como la derogación de leyes restrictivas que amenazan los derechos individuales y la libertad de expresión: la ley contra el odio y la ley de responsabilidad social de los medios de comunicación, entre otras. En paralelo, recomienda concretar negociaciones con el régimen sobre el reconocimiento de los partidos secuestrados y la revocación de las inhabilitaciones políticas. Hay que agregar la designación de nuevas autoridades del CNE y la limpieza interna del organismo; el mismo que tuvo a su cargo el fraude de 2024 y todos los anteriores. También habrá que actualizar y limpiar el registro electoral, mientras se elabora un cronograma realista con hitos de cumplimiento y revisiones periódicas. Y debe buscarse la forma de incorporar a la mayor parte de los 5 millones de votantes venezolanos que viven en el exterior, lo cual representará un reto logístico y diplomático, por decir lo menos.

A todo lo anterior, más muchas otras tareas y subtareas que deberán completarse antes de que se deposite el primer voto, hay que sumarle la resistencia de quienes mandan en el país y la cantidad de obstáculos que pondrán las autoridades interinas para descarrilar el proceso que los sacará de sus posiciones de poder. Obviamente, el tutelaje tiene que poner todo su peso y sus amenazas creíbles detrás del programa electoral, o todavía estaremos pidiendo elecciones a finales de la década. El Dr. Sabatini estima que tomará como mínimo un año entre el comienzo de las tareas y la fecha de las elecciones, y probablemente se queda muy corto. Nunca mejor dicha la frase: elecciones ya. 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Alberto Rial
Alberto Rial
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