Impulsado por la fe en tiempos de confinamiento por la pandemia de la COVID-19, Luis Cegarra comenzó una procesión del Nazareno en el sector Lomas de Oro, parroquia El Junquito. Este acto evolucionó a una tradición anual que fortalece la devoción religiosa en esa comunidad. 

Caracas. Luis Cegarra nunca faltaba a su cita anual con el Nazareno de San Pablo. Cada Miércoles Santo su figura alta y serena se sumaba a la multitud que veneraba la sagrada imagen en la Basílica Santa Teresa. Pero en 2020, el silencio del confinamiento lo obligó a reinventar su devoción.

Fue así como cinco años atrás rescató de una antigua gruta en su casa —herencia de los anteriores moradores— una escultura olvidada del Nazareno. Lo vistió con tela morada, lo coronó de flores blancas y lo paseó solemnemente alrededor de su vivienda en el kilómetro siete, sector Lomas de Oro, parroquia El Junquito.

Su intención era ofrecer la oportunidad de ver la imagen de su santo a otros devotos que, al igual que él, no podían llegar a la basílica, en el centro de Caracas.

Nazareno, procesión
Foto: cortesía vecinos El Junquito

“Soy católico y sé que muchas personas le tienen demasiada fe al Nazareno; por eso lo vestí y lo puse afuera de mi casa para que los vecinos ese año pudieran verlo y sintieran una cercanía con él”,

afirma.

Lo que comenzó como un acto atípico se convirtió en una tradición que se repite año tras año. “Es una manera de agradecerle muchas cosas que ha hecho en mi familia y en mi vida”.

Cuestión de fe

Con el tiempo y el retorno progresivo a la normalidad, después del confinamiento por la COVID-19, esta iniciativa individual se transformó en una pequeña pero significativa costumbre vecinal.

Los habitantes de Lomas de Oro, inicialmente curiosos, luego motivados por la fe y la solidaridad, se unieron a la procesión anual que Luis organiza cada Miércoles Santo.

Para Aracelyz Rodríguez, la procesión del Nazareno es una cita que los vecinos de El Junquito aguardan con especial ilusión cada año. Este evento se transformó en una tradición profundamente arraigada en la comunidad.

Según Rodríguez, aunque no pretende sustituir la procesión oficial de la iglesia, posee un carácter distintivo: un sentido único de pertenencia y unión entre los vecinos.

Foto: cortesía vecinos El Junquito

“Es un acto de fe sincero, nacido de la generosidad de un hombre y del sentir de un vecindario. Es un acontecimiento que nos ayuda a unirnos como comunidad y reconocer el valor de la fe”.

A pesar de que este año viajará a Táchira para pasar la Semana Santa con su familia, Luis decidió adelantar la procesión a primera hora de la mañana para no dejar de compartir este momento con sus vecinos.

351 años de fe 

La imagen del Nazareno de San Pablo —una talla de Jesús con la cruz a cuestas, vestido de morado— llegó a Venezuela en el siglo XVII y despierta gran fervor en Caracas. Desde 1674 los católicos lo acompañan en peregrinación.

Hace 329 años, durante la epidemia de vómito negro en Caracas, la comunidad religiosa y civil unieron sus oraciones en una procesión solemne con la imagen del Nazareno.

Durante ese primer recorrido desde el actual Teatro Municipal hacia el centro la cruz del Nazareno hizo caer limones de un árbol cercano, cuyo jugo sanó a los enfermos. Este milagro consolidó al Nazareno de San Pablo como figura central de la Pascua venezolana. El hito religioso llevó a fray González de Acuña a establecer el Miércoles Santo como día oficial de su veneración.

Los preparativos de la procesión

Desde hace cuatro años Jhohana Perdomo, vecina de Lomas de Oro, se encarga junto con otra residente de confeccionar el vestuario del Nazareno de su comunidad. Este proceso comienza un mes antes de la procesión, una vez definido el diseño del nuevo traje.

“Todo es un trabajo en equipo con los vecinos que se fueron sumando año tras año, pero el encargado siempre es Luis porque es quien tiene la idea y es el más comprometido con la labor”.

Anabel, otra vecina, organiza el recorrido del Nazareno y distribuye las siete estaciones que visitará la imagen dentro de la comunidad a lo largo de un kilómetro.

Ella detalla que los habitantes que aceptan recibir una estación preparen una mesa decorada con un mantel blanco, velas, agua bendita, orquídeas y una imagen del Nazareno de San Pablo. En cada estación se entona música religiosa y se reza. Esto permite a los presentes realizar sus peticiones personales.

“En la estación se canta una música y se reza una oración. Si la persona tiene una petición, también se realiza”, dijo.

Se olvidan las carencias

Lomas de Oro, como otros sectores populares de la parroquia El Junquito, enfrenta serias dificultades derivadas de la crisis económica venezolana, incluidos problemas de infraestructura vial, botes de aguas negras, prolongados cortes de agua y fallas eléctricas.

“Durante este día la situación actual, la falta de agua, los problemas de vialidad y la rivalidad entre algunos vecinos no son parte de la comunidad. Todos los vecinos se unen para pasear al Nazareno y reafirmar su fe”,

dijo Jhohana.

Hoy, la iniciativa de Luis se mantiene como un testimonio de devoción en tiempos de pandemia. Para él representa un recordatorio de que incluso en la distancia la fe puede encontrar caminos creativos e inspiradores para mantenerse viva.

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