Si bien Valencia ha dado un paso adelante cambiando buena parte de sus luces de mercurio por las LED, estas aún no son 100 % ecológicas, por lo que se necesita un mejor enfoque contra la contaminación lumínica.
Valencia. Inés Vallejo tenía 10 años de edad cuando le regalaron un ave conocida como «gonzalito», Icterus nigrogularis, pero no duró ni 24 horas con él. “Me fui a dormir y nadie me dijo que tenía que ponerle una sábana”.
La luz de la cocina perturbó el reloj biológico del ave y al día siguiente lo encontró muerto. “Le dije a mi tía que estaba durmiendo con las patas para arriba”.
Desde entonces, Vallejo mira con preocupación cuando el alumbrado público perturba la noche de los animales y también de los árboles.
“Han pasado 52 años desde eso y me sigue afectando”, contó.
La contaminación lumínica es, sin duda, una de las menos discutidas. El desconocimiento sobre cómo la luz artificial puede afectar la vida de los seres vivos impide que en un país con políticas ambientales pobres, el tema siquiera ascienda a un debate.
Además, con los constantes cortes de electricidad, tener más alumbrado público se percibe como una mejora progresiva sin que haya cuestionamientos de por medio.

Luces que matan
Pero no solo es el alumbrado público el que debe destacarse. La bióloga y ambientalista carabobeña Esmeralda Mujica denunció lo nocivo de las luces navideñas para los árboles y el ecosistema que se desarrolla en su interior.
A Vallejo siempre le pareció un arma de doble filo aquellos días en los tiempos de gobernanza de la familia Salas en Carabobo, cuando todos los árboles de la avenida Bolívar de Valencia eran rodeados por luces de Navidad.
“Era hermoso, pero pensaba en el pajarito y en uno mismo. ¿Quién duerme bien con un bombillo pegado en el rostro? Nadie”, dijo la bióloga.
Ese mismo destino han tenido los icónicos samanes de Valencia. Pero por lo menos el único que mantiene esta decoración es el ubicado frente al Hotel Internacional.
La investigadora Tamara Varga explicó en un artículo de 2018 que los períodos de luz y oscuridad tienen un rol fundamental en la vida de la fauna y flora. Destacaba aspectos como horarios de descanso, escondites, aromas de las flores, fotosíntesis, funciones visuales, secreción de sustancias y ciclos reproductores.

Enemiga de artrópodos
Además, hace hincapié en que los artrópodos, insectos, son los animales más perjudicados por estas alteraciones en los horarios de luz.
Varga detalla que las luces públicas con lámparas de mercurio son las más agresivas para un gran número de insectos. “Son especialmente sensibles a la radiación azul”, cita.
Estas lámparas tradicionalmente acompañaban al alumbrado público en Carabobo y en Venezuela. No obstante, desde hace unos cinco años, la gestión regional y municipal ha comenzado a reemplazarlas por luces LED de luz blanca, visibles en todas las avenidas principales de la capital carabobeña.

Aunque no han sido eliminadas en su totalidad, hay un trabajo en curso. Varga enfatiza que las calles deben tener una “iluminación respetuosa”. Para esto, los puntos de luz deben estar bajos, direccionados hacia abajo, y fuera de su radio de acción dicha luz no debe ser visible.
Luces que atormentan
La experta recomienda la luz roja o cálida antes que la azul o blanca, ya que estas últimas emiten radiaciones superiores a 600 nanómetros.
Por eso, es normal observar insectos rodeando desesperadamente las lámparas bajo el nuevo alumbrado público. “Se sienten atraídos por las radiaciones azules y ultravioletas”.

“Hace unos días bebía agua por mi ventana alrededor de medianoche y me llamó la atención un punto de luz. Cuando enfoqué, vi a un insecto revoloteando bajo una lámpara LED”, destaca Vallejo.
La autora hace hincapié en los insectos porque son la principal fuente de proteína del planeta y su desaparición afecta directamente la cadena trófica.
Basura lumínica
El ingeniero español Francisco Pujol, quien ha denunciado la contaminación lumínica, asegura que el alumbrado público no debe tener una inclinación mayor a 30 grados. Considera la mejor solución son las luces LED por ser más ahorradoras de energía y amigables con el ambiente.
Pujol es categórico al definir la contaminación lumínica como el “lanzamiento masivo de luz al cielo”. Aunque admite que no puede eliminarse por completo, sí puede reducirse.

En estos últimos dos años, Valencia ha pasado de la oscuridad a la luz. No hay cifras claras de cuántas luces y postes nuevos se han instalado, pero Vallejo se sorprende al caminar a las 8:00 p.m. por la avenida Bolívar.
“La iluminación es cegadora, algunas lámparas están metidas en los araguaneyes y ves a los pajaritos desesperados. Te sientes como en Europa, y si a eso le sumamos las luces de Traki y la publicidad en pantallas LED de Multimax, es un espectáculo de luces. Si desconoces los efectos, te vas a sentir bien, pero cuando indagas te haces preguntas”, dice Vallejo.

Esas preguntas apuntan al verdadero impacto ecológico a corto, mediano y largo plazo de tanta iluminación. ¿Daña tanta exposición a la luz a los árboles?.
El falso estímulo
El investigador estadounidense William Chaney concluye que sí. La razón es que influye sobre la fotosíntesis y el fotoperiodismo. Chaney reporta que cualquier estímulo fuera de lo natural afecta la bioquímica del árbol y su crecimiento.

Crónica.Uno hizo un recorrido por tiendas para averiguar los valores de las luces utilizadas en el alumbrado público.
La mayoría son de 250 vatios y 6500 Kelvin. Esta última medida es importante porque hace referencia a una luz que simula la luz diurna, con una tonalidad azulada y brillante. Está recomendada para espacios cerrados en los que se necesita alta claridad.
A partir de 5000 Kelvin, la luz es más fría y azulada, y en el mercado no se encontró ninguna luminaria inferior a este valor. De ahí que Vallejo sienta que caminar por la avenida Bolívar a las 8:00 p.m. es como si la noche quedara relegada a un cielo oscuro cuya sombra no penetra el suelo.

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