Fotografía: Armando Díaz.

Aunque las autoridades argumentan que las fallas en la distribución de gas se deben a la explosión de la planta Muscar que hubo en noviembre de 2024, muchas deficiencias se remontan a meses antes del evento.

Valencia. «Cada vez tengo menos ánimos de cocinar. No hay respuesta ante el problema y es más de lo mismo, porque seguimos sin gas», dice Julia Lazo, una ama de casa de 62 años de edad que lleva tres meses sin el servicio en su hogar.

El 20 de noviembre de 2024 su hornilla dejó de mostrar la llama azul habitual. Julia pensó que el problema se resolvería en una semana, como había ocurrido en agosto y octubre del año pasado. Pero esta vez, no hubo solución.

Julia depende de Pentagas, una compañía privada de gas doméstico. «Siempre fueron puntuales. Podíamos quedarnos dos días sin gas, pero era por un mal manejo del condominio, no por falta de gas», explica.

Cada vez que Julia habla con la presidenta del condominio, recibe la misma respuesta: «Mi amor, mira el mensaje del distribuidor». En el grupo de WhatsApp lee: «No tenemos información de la planta de llenado. Estamos a la espera para poder cargarles».

Esa ha sido la respuesta constante desde noviembre pasado. Cuando cambia, no es para dar buenas noticias, sino para decir: «No hay información nueva. Les avisaremos».

La frustración de Julia

Como ama de casa, Julia cubre todas las labores del hogar. Cocinar se ha vuelto una de las actividades que menos disfruta.

«Es poco motivador cocinar sin los ingredientes que quieres, o porque están carísimos. Pero lo peor es tenerlos y no poder usarlos. Nadie quiere pasar el doble o triple de tiempo esperando que la comida esté lista», confiesa.

Su cocina tiene 29 años de uso. Desde noviembre, sobre las hornillas reposa una hornilla eléctrica que compró hace cinco años en Valencia. Con ella prepara el almuerzo, ya que el desayuno es ahora ocasional.

Fotografía: Armando Diaz.

Incluso el almuerzo y la cena a veces se reducen a una sola comida al día. Los días de consumir tres platos se sienten lejanos.

«Me pongo a llorar. Me da ansiedad. A mi edad, las cosas deberían ser fáciles, no difíciles, solo porque el sistema no funciona», dice con frustración.

Realidad vs. ficción

En diciembre, el gobierno de Nicolás Maduro renombró el ministerio encargado del petróleo como Ministerio de Hidrocarburos. Durante el anuncio, la vicepresidenta Delcy Rodríguez aplaudió la medida: “Queremos agradecer al presidente Maduro por este giro estratégico. Venezuela será una potencia exportadora de gas para 2026-2027”.

Mientras tanto, el 28 de enero pasado, Rodríguez se reunió con los viceministros de Hidrocarburos y el presidente de Petróleos de Venezuela S.A (Pdvsa) para consolidar la industria del gas. El plan es posicionar a Venezuela como «el gran campeón» en materia gasífera.

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Pero Julia solo quiere que el gas llegue a su edificio. Cada vez que escucha camiones, corre a la ventana esperando que sea Pentagas. Pero no lo es.

«Le surte al edificio de al lado y al que está diagonal al mío. Imagínate cómo me siento al ver que no es Pentagas», lamenta.

Sin gas sin excepción

Maday Palencia, de Tocuyito, cumple un mes sin gas. Sus bombonas no duran lo suficiente, y los cocinados de Navidad agotaron sus reservas. Con una familia numerosa, incluyendo a su bebé, también usa hornillas provisionales.

«Hay que cambiarles los caracoles porque se dañan. Incluso el cableado puede explotar», explica.

En el sector 12 de Las Palmitas llevan más de cinco meses esperando a Gasdrácula. Mientras tanto, sectores como el 5 sí han recibido el servicio, según Lisbeth Villavicencio, quien busca respuestas en las páginas oficiales.

«Escribo constantemente, pero nadie responde», dice.

El problema del gas en Carabobo

Todas las compañías tienen problemas, pero en el norte de la ciudad, las empresas públicas o mixtas cubren más áreas.

Petroval, otra compañía privada, acumula quejas. Zonas como Terrazas de San Diego, San Blas 2, Los Mangos y Monteserino llevan meses sin suministro.

Fotografía: Armando Díaz.

El incendio del gasoducto de la planta Muscar de Pdvsa podría explicar las fallas. Pero los usuarios de empresas privadas critican la falta de equidad en la distribución.

«Nosotros también somos pueblo. Tenemos necesidades, pero solo le dan a Drácula para quedar bien. Nosotros seguimos sufriendo», dice Julia.

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