Un operativo de Estados Unidos en el Caribe para hacer frente a los cárteles de la droga eleva la tensión con Venezuela, que denuncia “amenazas” a la paz latinoamericana. Sin embargo, analistas creen que no todo es lo que parece en este nuevo capítulo de las tirantes relaciones entre estos dos países.
Caracas. La operación naval que alista Estados Unidos (EE. UU.) frente a las costas de Venezuela, con la justificación de combatir el narcotráfico que usa rutas en las aguas del Caribe, desató una oleada de especulaciones en las redes sociales.
No son pocos los usuarios de las plataformas digitales que avizoran una inmediata intervención militar de EE. UU. en Venezuela, un país con el que la realpolitik —como se define a la política basada en la práctica y en el interés nacional más que en principios ideológicos— dicta a la administración de Donald Trump decisiones contrapuestas.
Ejemplo de ello son la millonaria recompensa ofrecida por la captura de Nicolás Maduro y, al mismo tiempo, las negociaciones petroleras y el canje de prisioneros mantenidas con su gobierno.
En las aguas del Caribe, a solo cinco horas de las costas de Venezuela, EE. UU. desplegó destructores, buques lanzamisiles, fuerzas de campo y hasta un submarino nuclear hace casi una semana.
Pero estos hombres y equipos no pondrán un pie en Venezuela, al menos en el futuro cercano, de acuerdo con expertos consultados por Crónica Uno.
“Dudo que se vaya a dar”, dijo a este medio el analista Pablo Quintero, tras descartar cualquier paralelismo entre la actual crisis de Venezuela y el derrocamiento de Manuel Noriega en Panamá de 1989, la última intervención armada de EE. UU. en la región latinoamericana.
“No estamos hablando de cosas similares, quizás el modo, el formato de (amenaza de) intervención, de producción de titulares, del manejo de la opinión pública, puede ser algo parecido. Pero, en el fondo, son dos cosas distintas. No creo que se vaya a producir una extracción militar (de Maduro)”, agregó.
Con todo, Quintero subrayó que la operación naval de EE. UU. en el Caribe sí representa “una amenaza” para Venezuela, especialmente por la hostilidad de los funcionarios del gobierno de Trump contra el chavismo.
“Esto sí es una amenaza, una amenaza real que tiene un componente también de desinformación en redes sociales y guerra cognitiva en la ciudadanía, para generar ansiedad y zozobra en la población”, alegó.
“Objetivos ocultos”
El exdiputado Aníbal Sánchez coincide con Quintero al tachar de “amenaza” el despliegue militar de EE. UU. en el Caribe. Asimismo, señaló que la operación podría tener “objetivos ocultos”.
“Más allá del propósito anunciado, parece que existen objetivos ocultos”, recalcó Sánchez a Crónica Uno. “Hay espacios para las tesis de que buscan ejercer más presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro”, señaló.
Asimismo, recordó que los voceros del gobierno de Trump califican a Maduro y a varios de sus colaboradores cercanos de narcoterroristas.
Sin embargo, no cree que EE. UU. invada Venezuela en los próximos días, si bien el despliegue militar frente a las costas del país eleva la presión sobre el chavismo.

“Diplomacia de paz”
Por otro lado, Sánchez valoró como “defensiva y beligerante” la respuesta de Maduro y su gobierno ante la anunciada operación estadounidense.
“Interpretan el despliegue como una amenaza directa a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos. Por eso, activan planes de defensa y enfatizan en la preparación para resistir cualquier agresión externa bajo la narrativa de una guerra híbrida o invasión encubierta”,
apuntó.
Esto último, según sus palabras, ayuda al chavismo a “fortalecer la cohesión interna”, al tiempo que “desvía la atención de problemas domésticos como la crisis económica” que atraviesa el país.
Tras el anuncio de la operación, el chavismo ordenó el despliegue de 4.500.000 milicianos y, en paralelo, activó su llamada “diplomacia de paz” para recabar apoyos en la región ante lo que consideran una “amenaza” contra Venezuela.
“Lo que amenazan con intentar hacer contra Venezuela, un cambio de régimen, un zarpazo terrorista, militar, es inmoral, criminal e ilegal”, acusó Maduro al hablar del operativo estadounidense.
Hace más de un siglo, el histórico bloqueo naval europeo contra Venezuela (1902–1903) derivó en el Corolario Roosevelt, base de las intervenciones posteriores; hoy, el nuevo despliegue estadounidense remite a esa doctrina imperial, que continúa una tradición de interferencia militar en la región que incluyó operaciones como en Panamá en 1989, Guatemala, Chile o la formulación del Plan Cóndor.
Aunque no se trata de una invasión literal, el precedente insta a considerarlo como parte de una secuencia histórica recurrente.
Una fuerza insuficiente
Aunque el chavismo y analistas en Venezuela califican la operación de EE. UU. en el Caribe como una “amenaza”, otros como el especialista argentino en temas internacionales, Ignacio Montes de Oca, no lo ve de esa manera.
“Unos cuantos miles de marines no alcanzan para ejecutar una acción militar en Venezuela”,
dijo el experto durante una entrevista con un canal argentino.

Además, Montes de Oca rechazó los paralelismos que en las redes sociales algunos tratan de establecer con la “Operación Causa Justa”, que acabó con el régimen de Manuel Noriega en Panamá.
“Si va a haber una invasión, esperemos un movimiento acorde”, dijo, mientras recordó que contra Noriega EE. UU. desplegó casi 30.000 soldados, una cifra muy superior a los 4.000 efectivos -la mayoría marines- que moviliza ahora en el Caribe.
Control táctico absoluto
En este sentido, Montes de Oca afirmó que EE. UU. sí podrá cumplir en el Caribe lo que promete con su despliegue.
“Con los tres destructores, EE. UU. puede vigilar todo el litoral venezolano. Considerando que el tráfico de drogas que parte de Venezuela se realiza con aviones civiles y buques de pequeño porte, es suficiente para el propósito de lograr el control marino absoluto del Caribe”, dijo.
Mientras en Washington la Casa Blanca declara estar dispuesta a usar “todos los elementos de su poder” contra el narcotráfico, en Caracas Maduro convocó una “milicia de paz” y milicianos voluntarios.
Ambos discursos —oficial en EE. UU. y popular en Venezuela— se superponen en un cruce de mensajes contradictorios que ponen al Caribe en el centro del conflicto simbólico entre soberanía y presión externa.
Así, entre el estruendo de motores navales y las imágenes de milicianos movilizados, el Caribe emerge como el tablero donde se confrontan la tensión práctica y la tensión narrativa.
Lo que muchos temen como una invasión convive, por ahora, con lo que es real —una escalada militar controlada que dobla la apuesta sin cruzar la línea del conflicto convencional—, y que deja una pregunta abierta: ¿es solo un despliegue o el preludio de algo más?
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