En zonas populares como la parroquia Coche, El Paraíso y Agua Salud, los pasajeros coinciden en que estas estructuras iluminadas y con acceso a internet, generan una mayor percepción de seguridad. Sin embargo, expertos señalan que esta innovación, aunque beneficiosa, no cumple con la definición estricta de un sistema de movilidad inteligente.
Caracas. Para los caraqueños, esperar el autobús suele ser sinónimo de incomodidad y desorden. El calor que sube desde el asfalto, el humo de los carros y el amontonamiento de pasajeros forman parte del paisaje cotidiano de cada parada improvisada.
Por eso, el anuncio del 18 de agosto despertó expectativas: 15 paradas inteligentes con asientos, wifi y cámaras de vigilancia, presentadas por la alcaldía como un paso hacia la modernización del transporte público, que los ciudadanos ven como una promesa de mejora tangible en su movilidad diaria.
En sectores populares como la parroquia Coche, El Paraíso y Agua Salud, los pasajeros coinciden en que estas paradas, con iluminación y vigilancia, generan mayor percepción de seguridad y ofrecen un espacio más cómodo para esperar las camionetas.
Sin embargo, hay quienes cuestionan si estas coloridas estructuras resuelven el problema de fondo del transporte, afectado por el caos vehicular, la insuficiencia de autobuses y la ausencia de una planificación integral que permita modernizar los mecanismos de cobro y generar datos en tiempo real.
La paradoja es evidente: se estrenan espacios modernos mientras la mayoría de las unidades que circulan son viejos autobuses que, en muchos casos, apenas pueden arrancar.

Expertos consultados por Crónica Uno señalan que esta innovación, aunque positiva, no cumple con la definición estricta de un sistema de movilidad inteligente, caracterizado por la aplicación de la tecnología y la comunicación para optimizar el transporte.
Funcionalidad limitada en Agua Salud
En las adyacencias de la estación Agua Salud, la parada inteligente funciona más como un sitio de descanso que como un punto tecnológico. Adultos, jóvenes y personas de la tercera edad se sientan para tomar un respiro o cargar sus teléfonos celulares.
La conectividad al wifi es limitada y la estructura carece de pantallas LED, además de no estar integrada al sistema de transporte. El ambiente recuerda más a un banco de plaza bajo techo que a un espacio que pueda guiar a los usuarios en su viaje.

Yusmeli Chacón, de 22 años, estudiante de enfermería y vecina de Alta Vista, señaló que las paradas inteligentes son una excelente opción para resguardarse de la lluvia y el sol, pero no resuelven la anarquía que, a su juicio, persiste en las líneas de transporte.
“Estos planes hacen más bonita la ciudad, pero es urgente que se tomen medidas con los choferes. Algunas camionetas piratas cobran lo que quieren y a veces maltratan a los abuelos. Muchos buses están en mala condiciones y hace falta un canal para denunciar irregularidades”,
sugirió.
Un informe del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice Libertad) del año 2024 reveló que el 92% de los venezolanos encuestados considera que el transporte público y la gestión vial son «anárquicos y desordenados».
Visión de expertos y ciudadanos
Según los especialistas, el avance hacia un sistema de movilidad inteligente debe incluir soluciones interconectadas que mejoren la eficiencia, la seguridad y la sostenibilidad del transporte público y privado a mediano y largo plazo.
Isandra Villegas, experta en Sistemas de Movilidad Sostenible, precisó que aunque las paradas instaladas aportan beneficios urbanos parciales —como una mayor percepción de seguridad, acceso a conectividad digital y mejora estética—, no constituyen un sistema de movilidad inteligente.

La ingeniera detalló que para cumplir con la definición completa se requiere modernizar la flota, incorporar GPS, desarrollar plataformas de gestión y articular servicios digitales con el transporte público para informar en tiempo real sobre su operación.
“Las principales limitaciones de estas paradas es que no informan los tiempos de llegada de autobuses, no integran sistemas de pago digital, no disponen de una flota conectada —ya que la mayoría de las unidades tiene más de 25 años—, carecen de sensores y no generan datos para la planificación”, indicó Villegas.
En la plaza Madariaga de la parroquia El Paraíso no se instaló una parada inteligente, pero sí un punto gratuito de acceso a interner mediante wifi y un botón de emergencia, que contrasta con el deterioro del parque y sus instalaciones.

Deterioro y modernidad
En 2014 la alcaldía había rehabilitado la plaza, pero actualmente las obras lucen muy deterioradas: las caminerías están rotas, los espejos de agua no funcionan y gran parte de los gimnasios biosaludables están dañados.

Juana*, de 68 años, vecina de El Paraíso, sale cada mañana a trotar y ejercitarse en el gimnasio de la plaza Madariaga. Cuando falla el internet en su casa, baja a conectarse al punto de acceso gratuito, aunque no siempre hay buena señal. La potencia es deficiente y apenas logra actualizar algunos mensajes en su bandeja de entrada.
Juana reconoce el esfuerzo de las autoridades, aunque considera que el mayor reto es garantizar el mantenimiento de las obras a largo plazo.
“El botón de emergencia es útil porque si le ocurre algo a alguien puede alertar a una ambulancia. El mayor problema es que se dediquen a preservarlo porque la gente no cuida los espacios y se necesita más vigilancia. Aquí se han hecho otros planes que fracasan o terminan olvidados. Con el transporte también hubo iniciativas que no han perdurado”, destacó.
Gerardo*, vecino de la parroquia Coche, señaló que las paradas son útiles durante el día; sin embargo, por la noche se convierten en refugio de indigentes y maleantes. “No tiene ni 15 días de inaugurada y ya la gente de la calle se apropia de ellas. Amanecen allí acostados y a veces se niegan a irse. La inseguridad, la basura y la falta de orden siguen siendo un problema en la comunidad y de eso no se ocupan”, subrayó.
Contexto regional y local
La instalación de paradas y puntos de acceso inteligente no es una novedad. Se enmarcan en una tendencia de proyectos que buscan modernizar y aplicar tecnología al transporte. Otros países de la región han avanzado desde hace décadas en la creación de políticas públicas para promover sistemas de movilidad urbana sostenible e inteligente.

En ciudades como Bogotá, en Colombia; Curitiba, en Brasil y Ciudad de México, los gobiernos han invertido en carriles exclusivos para autobuses, lo que reduce la congestión vial.
En urbes como Sao Paulo y Santiago, el pago del pasaje está digitalizado y genera información en tiempo real mediante aplicaciones móviles y sistemas de gestión de tráfico inteligentes, lo que le da al usuario mayor control sobre su viaje.

En Venezuela, en cambio, los proyectos han sido puntuales y con resultados dispares. Un ejemplo fue el lanzamiento del Sistema T-Ticket y Ve-Ticket en 2023.
A diferencia de las paradas inteligentes, este plan se centraba en el cobro de las tarifas a través de plataformas tecnológicas y tarjetas para automatizar el pago del pasaje en el transporte público, lo que incluía el Metro y los sistemas superficiales. Pero como ocurrió con planes similares, el proyecto no logró afianzarse.
Aspiración versus realidad
Villegas puntualizó que para avanzar hacia una movilidad inteligente y sostenible a largo plazo es fundamental trabajar en los siguientes puntos:
- Una flota conectada con GPS y dispositivos IoT (aparatos o piezas de hardware equipados con sensores para el monitoreo)
- Un centro de control de operaciones con software de gestión.
- Información dinámica al usuario a través de aplicaciones móviles, apps y pantallas en paradas.
- Manejo de Big Data para optimizar rutas y frecuencias.
- Sistemas de pago electrónico integrados

Las nuevas paradas inteligentes representan un avance, pero la experta Isandra Villegas enfatiza que la verdadera solución va más allá de estructuras aisladas. Para alcanzar una movilidad sostenible, es indispensable mejorar la infraestructura y promover alternativas sustentables.
Este proceso no puede ser unilateral: “Esto debe ir de la mano con la participación ciudadana y la transparencia en todas las fases”, recalcó.
Al final, para expertos y usuarios, estas paradas son símbolo de una ciudad que busca modernizarse, pero que todavía arrastra viejos problemas: el desorden, la falta de planificación y el deterioro del transporte.
Caracas exhibe estructuras recién pintadas que prometen comodidad y tecnología, mientras los pasajeros aún lidian con la espera interminable y la incertidumbre del pasaje. La contradicción entre la promesa de futuro y la realidad del presente es, en sí misma, la imagen más clara de la movilidad en Venezuela.
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