Un récord Guinness reposa en el techo de la iglesia de San Antonio en Valencia

Guinness

El récord Guinness llegó gracias al ingenio de su asistenta, quien pensó en la posibilidad de que Santoro hubiese creado una obra asombrosa.

Valencia. En medio de un modesto anuncio a la feligresía fue que la comunidad católica de Prebo, en Valencia, conoció que Francesco Santoro y la iglesia de San Antonio quedaron registradas en el libro de Récord Guinness, como la pintura al óleo más grande hecha por una sola persona.

La distinción, que se otorgó el 6 de diciembre de 2022, desbancó a la obra del británico Sacha Jafri. Esa  marca la tenía desde 2020, con su obra The Journey of Humanity, la cual realizó en Dubái.

Una obra y la otra están separadas por unos 12.451 kilómetros, y que Valencia haya logrado un Guinness es lo que más le emociona al artista. “No podemos decir que esta ciudad tenga muchos récords, y esto mejora la parte cultural y turística”.

Pero, como antiguo artista del Vaticano y la diócesis de Milán, Santoro ha recibido múltiples premios, por eso dice entre risas que el Guinness es como tomarse un café. Sin embargo, no es un registro por la calidad artística, es dado a una categoría puntual que luego perderá en el momento en que otra persona haga una obra bajo las mismas condiciones, pero con un tamaño mayor.

Guinness
Fotografía: Armando Díaz.
En su techo reposa

No muchos saben en la ciudad que esta pintura posee el récord, pero todo aquel que entra a la iglesia se queda embelesado por la majestuosidad de la enorme figura, el detalle de la anatomía de cada personaje y el efecto onírico que generan, de manera intencionada, las nubes de colores verdes, rojizos, azules y amarillos.

La pieza es claramente de estilo clásico. Es a lo que Santoro siempre se ha dedicado, al igual que a la pintura sacra.

Sin embargo, la obra no es tan nueva. No fue algo que de repente se descubrió de un día para otro. Para 2018, en ese mismo espacio, había unas rejas que cubrían un sistema de aire acondicionado.

Ese mismo año, un temblor derrumbó parte del techo del área central de la iglesia. A partir de entonces, la curia del templo pensó en que algo interesante se debía hacer en el espacio dañado.

Fue ahí cuando pidieron consejo al artista de la parroquia, el italiano Francesco Santoro, quien se había encargado de hacer prácticamente todas las expresiones artísticas del templo: los frescos, las esculturas y los vitrales.

Guinness
Fotografía: Armando Díaz.
Hace 20 años

Ahora,  20 años después de haber sido llamado por el padre Pío Battaglia para dejar su ciudad, Milán, y venirse a Valencia, le tocaba nuevamente trabajar en las dimensiones de la iglesia de San Antonio.

Santoro, queremos que hagas algo para ese espacio, lo que tú quieras, pero que cubra ese espacio”, le dijeron en la parroquia al artista.

Fotografía: Armando Díaz.

Tener carta blanca no es un privilegio muy común para los artistas, siempre el cliente suele tener una idea clara, pero en este caso lo único que los padres sabían es que querían algo religioso.

Santoro frotó sus manos porque podría dar rienda suelta a su imaginación. Muchas cosas pasaron por su cabeza, pero al final decidió decantarse por algo mariano. La presencia de María en el templo es bastante notable, así como la de San Juan Bautista Scalabrini y San Antonio de Padua.

Al final, decidió crear un enorme mural hecho en lienzos fragmentados, los cuales uniría pieza por pieza como un rompecabezas al óleo, representando los 20 misterios del rosario.

“Y en el centro, la coronación de la Virgen María por parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Fotografía: Armando Díaz.
En pandemia

Fueron tres años de largo trabajo. La pandemia le permitió trabajar con libertad, y para eso utilizó una cantidad enorme de pinceles y pinturas. “Eran tarros de este tamaño”, dice haciendo unas señas con las manos que indican que eran bastante grandes mientras mira el récord.

El encierro pandémico jugó a su favor, ya que no había tiempo de hacer otra cosa que pintar. La nave central se volvió su taller, aunque este quedaba en el tercer piso del edificio, pero por temas de espacio era preferible trabajar ahí. Así, al subir el rostro, iba dimensionando cómo quedaría cada lienzo en el techo.

Podían transcurrir hasta 14 horas de trabajo al día. Había jornadas en las que el cansancio lo superaba, pero había que seguir. Al final fue un proceso divertido, pero comprometido. No era algo nuevo para él, puesto que antes de llegar a Venezuela, Santoro había hecho un mural para la extinta Unión Soviética. Sin embargo, el enorme tamaño sí que era retador.

Al terminar el tercer mes, el camino parecía más definido y las pinceladas se hacían más consistentes, ante una idea que pasaba de la mente a cada uno de los lienzos de nueve metros por seis metros, los cuales, juntos, alcanzan los 188 m².

Fotografía: Armando Díaz.

Esas uniones entre cuadros son lo que quizás al maestro le hubiese gustado eliminar, porque si se presta atención, unas delgadas líneas muestran las juntas entre cada lienzo.

Había que hacer coincidir un lado con el otro, y hay que entender que cada lienzo se pintó por separado. Si te fijas, ese paño empieza en un cuadro y termina en el de al lado”, dijo.

Luego de eso, lo más difícil era la arquitectura, puesto que ella es la que le aporta la tridimensionalidad a la obra.

“Ella busca amplificar el discurso pictórico”, explica Santoro, y no miente. El efecto de las columnas ayuda a darle una sensación como si la obra absorbiera al que la ve. Quedarse fijo viéndola es muy fácil, y en pocos segundos pareciera como si estuvieras dentro de las nubes y por poco tocaras al Jesús crucificado o al resucitado. Cada figura parece mirarte y seguirte con los ojos, y cada misterio gira alrededor de la coronación, que es el centro de todo.

Fotografía: Armando Díaz.

La idea del Récord Guinness no nació de Santoro, sino de su asistenta, quien postuló la obra y mandó las fotos correspondientes a la organización. “Vinieron dos ingenieros a medir topográficamente la obra. Después de siete meses, llegó la respuesta y le entregaron la placa”.

Es curioso, porque la iglesia de San Antonio es un templo hecho por migrantes, con sacerdotes migrantes y un artista migrante. Ese detalle en particular le agrada a Santoro, quien es consciente del éxodo de Venezuela y le otorga un matiz especial.

Hace énfasis en que esta obra es una forma de orar a Dios. Lo dice entre risas porque sabe que muchas personas, en medio de la misa, quedan hipnotizadas. “El arte es de Dios, y si te pasa eso, le estás rezando”. Y más aún si se trata de un récord Guinness.

Fotografía: Armando Díaz.

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